El Salvador ha logrado importantes avances en la reducción del hambre en los últimos años, lo que ha tenido un impacto directo en el desarrollo económico y la productividad del país. Según el Índice Mundial del Hambre (GHI), para 2025 el hambre se redujo en un 17,1%, ubicando al país en la categoría de "hambre moderada" con un puntaje de 7,6%.
Estos progresos se deben a la implementación de políticas públicas enfocadas en la seguridad alimentaria, los programas de nutrición infantil y el crecimiento económico sostenido. Sin embargo, expertos advierten que aún existen desafíos estructurales, como la desigualdad rural y los efectos del cambio climático en la producción agrícola, que requieren mayor inversión para consolidar los avances y alcanzar el objetivo de hambre cero.
La mejora de los indicadores sociales relacionados con la alimentación ha tenido un impacto directo en el desarrollo económico y la productividad del país. Esto se debe a que una población bien alimentada y con acceso a una nutrición adecuada tiene mayores capacidades para participar de manera activa en la actividad económica, lo que se traduce en un mayor capital humano y competitividad a largo plazo.
"Estos avances son muy significativos, pero aún queda mucho trabajo por hacer", afirma la experta en seguridad alimentaria, María Gómez. "Es fundamental continuar con las políticas y programas que han demostrado ser efectivos, y a la vez abordar los desafíos estructurales que persisten, como la desigualdad y los efectos del cambio climático".
Uno de los programas clave ha sido la implementación de iniciativas de nutrición infantil, que han logrado reducir la desnutrición crónica en menores de 5 años. Esto no solo mejora la calidad de vida de los niños, sino que también sienta las bases para un desarrollo físico y cognitivo adecuado, lo que se traduce en mayores oportunidades educativas y laborales a futuro.
Además, el crecimiento económico sostenido en los últimos años ha permitido mejorar los ingresos de la población y, por ende, su acceso a una alimentación más diversa y nutritiva. Sin embargo, expertos advierten que persisten brechas importantes entre las zonas urbanas y rurales, lo que requiere una atención especial.
"El Salvador ha demostrado que es posible avanzar en la reducción del hambre y mejorar los indicadores sociales relacionados con la alimentación", concluye Gómez. "Pero para consolidar estos logros y alcanzar el objetivo de hambre cero, se necesita un compromiso a largo plazo y una mayor inversión en políticas y programas efectivos".











