La construcción de sociedades libres y prósperas no se basa en ciudadanos cómodos o satisfechos, sino en ciudadanos resilientes, capaces de enfrentar la adversidad y crecer a partir de ella. Esta es la idea central que plantea Tal Ben-Shahar, autor de la obra "Más feliz, a pesar de todo", y que adquiere una dimensión profundamente política en el contexto actual del Ecuador.
Ben-Shahar distingue entre la resiliencia básica, que es la capacidad física de un cuerpo de volver a su estado original tras una presión, y la resiliencia 2.0, que es la capacidad humana de no solo recuperarse, sino de transformarse y crecer a partir de la adversidad. Esta última, lejos de ser una mera negación del sufrimiento o un optimismo forzado, se trata de una forma madura y consciente de enfrentar los desafíos con propósito y esperanza.
Cuando una sociedad sustituye la resiliencia por el victimismo, el resultado es previsible: más colectivismo y menos libertad. El victimismo no evita el dolor, sino que lo institucionaliza, mientras que la politiquería oportunista busca convertir la frustración generalizada en capital político, manipulando al individuo.
El Ecuador atraviesa una de sus horas más oscuras, marcada por la violencia, la desconfianza y el desgaste moral. No faltan quienes buscan sembrar una narrativa de impotencia individual y colectiva, desplazando siempre la culpa hacia un enemigo abstracto. Sin embargo, la historia ha demostrado que los pueblos no se han levantado declarándose víctimas perpetuas, sino estando a la altura de las circunstancias.
Como señala Viktor Frankl, "a un hombre se le puede arrebatar todo, salvo la libertad de elegir su actitud ante cualquier circunstancia". Esta elección es el núcleo de la resiliencia y también de la libertad. La resiliencia no se trata de resignación o de simple dureza, sino de reconocer que el dolor existe, que es parte de la vida y que no debe someternos.
El Ecuador no está condenado. Es un país herido, sí, pero capaz de sanar y salir distinto, más fuerte y más consciente. La resiliencia 2.0 no nace del poder, sino que se cultiva en cada ciudadano que decide no rendirse, no doblegarse y no renunciar a su responsabilidad. Ahí, exactamente ahí, renace la esperanza para un futuro próspero y libre.











