El deterioro del transporte público en Cuba ha alcanzado niveles alarmantes, dejando a los ciudadanos en una situación desesperante. Según un vecino entrevistado, "después de no tener comida que darle a tus hijos, no hay nada más desesperante que tener que llegar a algún lugar y que no haya transporte".
El parque de vehículos se ha reducido en un 48% desde 2019, con solo 239 unidades operativas de una flota original de 464. Esto ha provocado el cierre de más de 90 líneas en La Habana y la reducción de la mayoría de las rutas importantes en otras provincias a solo dos salidas diarias, una por la mañana y otra por la tarde.
Además, los vehículos en servicio se encuentran en un estado lamentable, con constantes averías e incumplimientos en el pago de insumos y repuestos por parte del gobierno. Esto, sumado a las pésimas condiciones de las calles y carreteras, ha llevado a un aumento de los accidentes.
Como alternativa, algunos cubanos recurren a los porteadores privados, cuyos precios oscilan entre 150 y 500 pesos, una opción que no todos pueden permitirse. Las medidas gubernamentales para aliviar la situación, como la incorporación de 100 microbuses de 14 plazas, han resultado insuficientes e inefectivas.
El transporte público en Cuba nunca ha funcionado adecuadamente después de 1959, alternando períodos de servicio mediocre con otros de franca precariedad. Ante este panorama, los cubanos parecen resignarse a tener que combinar el viaje a pie y en bicicleta, una realidad que refleja el abandono del sector por parte de las autoridades.












