República Dominicana atraviesa su mejor momento turístico, superando los 10 millones de visitantes. Sin embargo, una silenciosa patología amenaza este éxito: la especulación desmedida y las prácticas abusivas que erosionan la confianza de los turistas.
El país ha logrado construir una infraestructura turística de primer nivel, con modernos aeropuertos y hoteles de lujo. Pero permitir que la avaricia corroa los cimientos de este sector sería un error fatal, advierte el artículo. La historia del Caribe está llena de advertencias sobre los peligros de la soberbia y la desconexión entre costo y valor percibido por el visitante.
Casos como el cobro de $900 por un botellón de agua o $900 por un traslado en ambulancia de 15 minutos, muestran prácticas que rozan la extorsión y destruyen la reputación del destino a la velocidad de internet. Aunque el 70% de los turistas consideraron los precios razonables en 2023, una caída cercana al 10% en los primeros meses de 2025 es una señal de alarma.
Para evitar la decadencia silenciosa, el artículo propone medidas urgentes: regulación de tarifas médicas, vigilancia activa de ProConsumidor, un sello de "Comercio Ético Turístico" y una campaña de concientización sobre la importancia de tratar al turista con hospitalidad, no como una "billetera inagotable".
La República Dominicana no puede darse el lujo de la arrogancia. Proteger el turismo, su gallina de los huevos de oro, es clave para mantener una prosperidad sostenible a largo plazo. La historia observa, y la elección es clara: prosperidad o decadencia silenciosa.












