El informe "Guayaquil Cómo Vamos 2025" revela una preocupante fractura social en la ciudad, donde el vecino ha dejado de ser un aliado para convertirse en una amenaza latente. La violencia y la desconfianza se han apoderado de los espacios públicos, dejando a los habitantes encerrados en sus hogares.
Según el estudio, mientras el 83% de los guayaquileños se sienten satisfechos dentro de sus viviendas, apenas el 49% aprueba sus parques y áreas verdes. Esta brecha se profundiza en los sectores populares, donde el 66,7% de los residentes desconfía abiertamente de sus vecinos.
La principal causa de este fenómeno ya no son los chismes, sino el miedo a la "inseguridad, la extorsión" (52,3%) y la "venta y consumo de drogas" (35,5%). El urbanista Brick Reyes advierte que la impunidad judicial y la falta de arraigo de los residentes han acelerado este proceso de encierro y desconfianza.
"Hemos perdido la confianza en aquellos que no conocemos. Los buenos permanecemos encarcelados en nuestros domicilios, mientras los malos disfrutan del espacio público", señala Reyes.
La psicóloga clínica Paola Cercado describe este fenómeno como una "psicosis social" basada en un miedo sostenido que nubla el juicio. "Cuando el miedo gobierna, ya no vemos personas, sino amenazas. Eso genera una hipervigilancia crónica: todos observan, nadie confía", explica.
Para Cercado, el reto de cara al 2026 no es solo recobrar la seguridad física, sino también la salud mental de los habitantes. La especialista sugiere recuperar los microvínculos funcionales y "volver a dar los 'buenos días' como un acto de valentía que marca respeto".










