La más reciente edición de la prestigiosa revista The Economist ha encendido las alarmas sobre el preocupante estado de la política mundial. Según el informe, los últimos años han consolidado una "mutación inquietante" en la vida pública, donde el desorden y la inestabilidad han dejado de ser una anomalía para convertirse en la nueva regla.
El texto describe un mundo que "continúa operando, pero lo hace bajo una lógica de agotamiento": guerras prolongadas que ya no conmueven, tecnologías que avanzan más rápido que cualquier marco normativo y una política dominada por el espectáculo y la reacción inmediata, en detrimento del debate y los consensos.
En ese escenario, las bravatas y la confrontación permanente se han convertido en instrumentos de gobierno, mientras los políticos obtienen réditos individuales "hipotecando los derechos de los más pobres". El resultado, advierte The Economist, es una "erosión silenciosa de los derechos conquistados durante los últimos 100 años, entre ellos, los derechos humanos".
El caso peruano es emblemático de esta tendencia. En pocos años, el país ha experimentado una sucesión de vacancia presidencial y salidas forzadas de mandatarios que habría resultado "impensable décadas atrás". Sin embargo, este ciclo de inestabilidad no ha traído mejoras en la seguridad ciudadana, uno de los principales problemas para la población.
"Se gobierna en presente continuo, sin proyecto ni responsabilidad de largo plazo", señala el informe. Y una sociedad habituada a ese vacío oscila entre el desencanto cínico y la tentación de soluciones autoritarias.
De cara a los próximos comicios de 2026, el desafío será recomponer "un sentido mínimo de orden democrático" y recuperar la mirada de Estado. Para ello, se requerirá de "ciudadanos dispuestos a exigir programas antes que gestos, responsabilidad antes que estridencia, y reglas antes que atajos cortoplacistas".
En palabras de The Economist, el Perú y el mundo enfrentan la disyuntiva de "seguir administrando ese agotamiento o si somos capaces, desde la política y la ciudadanía, de imaginar nuevamente un horizonte de convivencia posible que nos lleve a una república superior".












