País hermoso en peligro: la memoria de lo que fuimos nos exige pensar en el rumbo
En tiempos en que la violencia, el abandono y la entrega del territorio a intereses ajenos a la comunidad parecen ser la norma, este texto nos interpela a reflexionar sobre el pasado y el futuro de nuestro país.
Hace no mucho, este era un lugar de abundancia, donde los seres humanos y la naturaleza convivían en armonía. Sus flores y orquídeas perfumaban el aire, y las cosechas ofrecían frutos frescos sin cesar. Los pobladores sabían que cuidar la casa común era cuidar su propia vida. Nadie aspiraba a más de lo necesario, y la palabra dada tenía el peso de la dignidad. La comunidad se sostenía en la certeza de que cada talento era valioso, pero ninguno más importante que otro; sabían que la acción de cada uno repercutía en el bienestar colectivo.
Hoy, al iniciar un nuevo año, cabe preguntarnos: ¿qué hemos hecho con la herencia de nuestros antepasados?, ¿qué hemos hecho de esa "isla de paz"? La memoria de lo que fuimos nos interpela y nos exige pensar en el rumbo que estamos tomando como país, como sociedad.
Un país hermoso como el nuestro no merece la violencia ni el abandono al que le tienen sometido sus actuales gobernantes; mucho menos, la infame entrega de su territorio a las mineras, a las mafias y al crimen organizado. Merece que lo defendamos con la misma generosidad con que la tierra nos provee y alimenta, merece que la memoria de lo que fuimos nos inspire a recuperar el rumbo y a sembrar, juntos, un futuro digno.












