El exmandatario estadounidense Donald Trump ha vuelto a generar polémica al sugerir una posible intervención militar de Estados Unidos en Nigeria, alegando la necesidad de detener un "genocidio" contra la población cristiana del país africano. Sin embargo, su historial y acciones pasadas ponen en duda la sinceridad de sus motivaciones.
Trump, conocido por sus declaraciones controvertidas y su retórica nacionalista, evocó viejas justificaciones imperialistas al afirmar que Estados Unidos podría entrar "con las armas en ristre" para acabar con los "terroristas islámicos" en Nigeria. Esta amenaza recuerda a la "carga del hombre blanco" esgrimida en el pasado para legitimar la colonización y explotación de territorios en África y Asia.
A pesar de que los conflictos en Nigeria han causado más de 100.000 muertes desde 2011, el exmandatario no ha mostrado un interés genuino por salvar vidas en un país que anteriormente calificó de "país de mierda". De hecho, durante su administración, su gobierno desmanteló la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional, que proporcionaba ayuda vital a cientos de miles de nigerianos y financiaba una parte sustancial del sistema de salud.
Según los expertos, las posibles motivaciones de Trump podrían ser de carácter mercantilista, con un interés en los recursos minerales de Nigeria, que alberga cerca del 30% de las reservas mundiales de estos recursos. Además, se especula que podría estar buscando complacer a su base política, conformada por evangélicos blancos, alimentados por narrativas falsas sobre un "genocidio cristiano".
Otros analistas señalan que estas amenazas reflejan una mentalidad imperialista que reduce a Nigeria a un escenario más de una supuesta misión civilizadora basada en la supremacía cristiana blanca. En conjunto, las declaraciones de Trump parecen responder más a intereses geopolíticos y electoralistas que a una genuina preocupación por la situación humanitaria en el país africano.











