El 2025 ha sido un año de sorpresas en los mercados financieros, con la Bolsa superando ampliamente las expectativas de los analistas. Pese a los temores iniciales por la incertidumbre generada por la llegada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos, los índices bursátiles cerraron el año con rentabilidades de dos dígitos, alcanzando niveles máximos históricos.
La realidad ha roto todas las previsiones, tanto en la intensidad del castigo bursátil que supuso el estallido inicial de la guerra comercial como en la remontada posterior. Los expertos acertaron en que las Bolsas iban a subir, pero no imaginaron el generoso porcentaje de esta subida.
El Ibex 35, el principal índice de la Bolsa española, ha sido uno de los grandes triunfadores, con una ganancia cercana al 50%, el mejor resultado desde 1993. Este desempeño ha superado con creces las expectativas de los analistas, quienes en su mayoría habían fijado objetivos mucho más modestos para el índice.
Incluso las grandes gestoras, como BlackRock, que ya mostraban confianza en el recorrido de las acciones estadounidenses a finales de 2024, se han quedado cortas en sus pronósticos. "Vemos una buena foto de crecimiento económico, buenos fundamentales en las empresas, buenas perspectivas de crecimiento de los beneficios empresariales en 2025", decían entonces.
Otros analistas, como los de Renta 4, también se equivocaron en sus previsiones, fijando un objetivo de 13.800 puntos para el Ibex, muy lejos de los 17.300 en que finalmente cerró el año. La fortaleza de las grandes compañías, que han demostrado una solidez en sus beneficios, ha sido clave para este brillante desempeño.
Además, sectores como el tecnológico, y más concretamente las empresas relacionadas con el desarrollo de la inteligencia artificial, han sido un imán para la inversión, a pesar de los primeros avisos sobre una posible burbuja en este segmento.
Por otro lado, el oro también ha sorprendido al alza, cerrando el año en torno a los 4.500 dólares por onza, con una rentabilidad superior al 70%. Se trata del mejor año para el metal precioso desde la crisis del petróleo en 1979.
En definitiva, el 2025 ha sido un año de grandes sorpresas en los mercados financieros, con la Bolsa y el oro superando ampliamente las expectativas de los analistas. Este desempeño inesperado pone de manifiesto la dificultad de hacer predicciones acertadas en un entorno tan volátil e impredecible.







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