En el barrio Suburbio de Guayaquil, diciembre se transforma en un escaparate de arte y tradición. Artesanos locales elaboran imponentes "monigotes", figuras gigantes de más de 12 metros de altura con materiales reciclados, para representar a las personas y los acontecimientos que marcaron el año que termina.
Esta singular celebración no solo honra la creatividad de la comunidad, sino que también impulsa la economía local en un sector que a menudo enfrenta dificultades. Los "monigotes" se han convertido en un símbolo de esperanza y renovación para los habitantes de Guayaquil.
Cada "monigote" es una obra de arte única, diseñada y construida con gran detalle por los artesanos del barrio. Utilizan una variedad de materiales reciclados, como cartón, tela y madera, para darle vida a estas impresionantes figuras que representan a políticos, celebridades, eventos o simplemente personajes de la vida cotidiana.
La tradición de quemar los "monigotes" al final del año se remonta a décadas atrás y tiene un significado profundo para la comunidad. "Es una forma de despedir el año y dar la bienvenida al nuevo, quemando todo lo malo que hemos vivido", explica María Sánchez, una de las artesanas.
Durante las semanas previas a Año Nuevo, el barrio Suburbio se llena de actividad mientras los artesanos trabajan incansablemente para terminar sus creaciones. Las calles se convierten en un verdadero escaparate de arte popular, donde los vecinos y visitantes pueden admirar los "monigotes" en proceso.
El día de la quema, la comunidad se reúne para despedir el año de una manera simbólica y festiva. Los "monigotes" son colocados en lugares estratégicos y, al caer la noche, son prendidos en llamas entre cantos, bailes y celebraciones. Es un momento de catarsis colectiva, donde se deja atrás lo negativo y se mira hacia el futuro con renovada esperanza.
"Es una tradición que nos une como comunidad y nos recuerda que, a pesar de las dificultades, siempre hay una oportunidad de empezar de nuevo", comenta Juana Ramírez, una de las asistentes a la celebración.
Más allá de su significado simbólico, la tradición de los "monigotes" también tiene un impacto económico importante para el barrio Suburbio. Durante las semanas previas a Año Nuevo, los artesanos reciben encargos de familias y empresas locales, lo que les permite generar ingresos adicionales.
Además, la quema de los "monigotes" atrae a miles de visitantes de toda la ciudad y la región, lo que beneficia a los negocios locales de comida, artesanía y entretenimiento. Es una oportunidad única para que la comunidad muestre su talento y su orgullo.
La tradición de los "monigotes" en Guayaquil es una celebración que trasciende lo meramente festivo. Es una expresión de la identidad y la resiliencia de un barrio que, a través del arte y la creatividad, encuentra formas de superar las adversidades y mirar hacia el futuro con esperanza.











