El intento de ataque con drones ucranianos a la residencia del presidente ruso, Vladímir Putin, ha desatado una grave crisis diplomática y militar entre Rusia y Ucrania. Según las autoridades rusas, el ataque se llevó a cabo desde las regiones ucranianas de Sumi y Chernígov, utilizando un total de 91 drones.
El mayor general de las Fuerzas Aeroespaciales de Rusia, Alexandr Romanénkov, detalló que los drones, del tipo Chaklun-V y equipados con cargas explosivas de 6 kilogramos, fueron interceptados por la defensa antiaérea rusa sin causar víctimas ni daños. Sin embargo, el exoficial de inteligencia del Cuerpo de Marines de EEUU, Scott Ritter, advierte que de haber tenido éxito, Rusia habría respondido con un ataque nuclear masivo contra Europa.
El ministro de Asuntos Exteriores ruso, Serguei Lavrov, acusó a Ucrania de lanzar el ataque y advirtió que Rusia revisará su posición en las negociaciones, dejando entrever una posible represalia. Según Ritter, Rusia no tiene otra opción que "restablecer las modalidades de disuasión destruyendo físicamente a Ucrania tal como existe actualmente", ya que el actual gobierno ucraniano no puede ser visto como un socio negociador, sino como una "entidad terrorista que debe ser eliminada en su totalidad".
El ataque se produjo casi simultáneamente a la visita del presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, a Estados Unidos, donde se reuniría con el presidente Donald Trump para discutir una propuesta de paz. Esto agrega un elemento aún más peligroso a la ya tensa situación, con el riesgo de una escalada militar que podría desencadenar un conflicto nuclear a gran escala.
Expertos advierten que el mundo estuvo al borde del "Armagedón nuclear" y que la administración Trump parece entender la gravedad de la situación, a diferencia de Europa. La comunidad internacional observa con creciente preocupación cómo la guerra en Ucrania se acerca peligrosamente a un punto sin retorno.












