Francia ha endurecido a partir del 1 de enero las condiciones para que los extranjeros no europeos puedan acceder a la residencia en el país, con la implementación de dos nuevos exámenes de conocimientos cívicos y de dominio del idioma francés.
Estas pruebas forman parte del llamado Contrato de Integración Republicana (CIR) aprobado en enero de 2024. A partir de 2026, ambos exámenes serán obligatorios para cualquier extranjero no europeo en situación regular en Francia que solicite por primera vez un permiso de residencia plurianual (de entre 2 y 4 años) o de residente permanente. También deberán realizarlos los candidatos a la naturalización, además de una entrevista personal.
El examen de conocimientos cívicos, de pago y con una duración de 45 minutos, se realizará de forma digital en centros de examen autorizados. Los candidatos deberán responder 40 preguntas de opción múltiple sobre cinco temas: "Principios y valores de la República", "Derechos y deberes en la vida en Francia", "Sistema institucional y político", "Historia, geografía y cultura" y "Vida en la sociedad francesa". Para aprobar, se requerirá un 80% de respuestas correctas, sin límite en el número de intentos.
En cuanto al idioma, los extranjeros que quieran establecerse durante varios años en Francia deberán acreditar un diploma, mientras que hasta ahora bastaba con justificar la asistencia a clases de francés. Además, el nivel exigido es más alto. A diferencia de antes, el Estado ya no financiará el examen, cuyo precio oscila entre 100 y más de 200 dólares.
Estas nuevas medidas forman parte de los esfuerzos del gobierno francés por promover una mejor integración de los inmigrantes en la sociedad, a través de un mayor conocimiento de la cultura, las instituciones y el idioma local. Según las autoridades, el objetivo es facilitar la adaptación de los extranjeros y su participación activa en la vida pública.
Sin embargo, la implementación de estos exámenes también ha generado críticas de organizaciones de derechos humanos y de grupos de inmigrantes, que consideran que pueden representar una barrera adicional para acceder a la residencia y la ciudadanía francesa. Algunos argumentan que estas medidas podrían dificultar aún más la integración de los extranjeros, al imponer requisitos cada vez más estrictos.
El debate sobre los desafíos de la inmigración y la integración de los inmigrantes sigue siendo un tema candente en Francia y en muchos otros países europeos. Estas nuevas exigencias para los extranjeros no europeos que buscan residencia en el país galo se inscriben en ese contexto de tensiones y discusiones en torno a las políticas migratorias.











