Comayagua, Honduras - En el corazón de Honduras, la ciudad de Comayagua se prepara cada 31 de diciembre para uno de los eventos más emblemáticos de América Latina: las 12 campanadas que marcan el fin de un año y el comienzo de otro.
Esta tradición, que se remonta a décadas atrás, reúne a familias de todo el país en la Plaza León Alvarado, donde el sonido de un reloj colonial instalado en la Catedral de la Inmaculada Concepción se convierte en el pulso que guía la transición hacia el nuevo año.
Minutos antes de la medianoche, el centro histórico de Comayagua se llena de una energía única. Pasos lentos, miradas al cielo y manos entrelazadas marcan la reverencia con la que los asistentes esperan el momento cumbre. Porque aquí, cada 31 de diciembre, el tiempo no solo se mide, sino que se escucha.
Cuando llegan las 12 campanadas, el cambio de año se convierte en una renovación de promesas. Abrazos, risas y lágrimas discretas inundan la plaza, mientras que la ciudad se viste de luces, música y colores para acompañar la celebración.
Para muchos, volver a Comayagua cada año se ha convertido en un ritual familiar. "Aquí sentimos que empezamos juntos", repiten quienes hacen de este viaje una tradición que se hereda de generación en generación.
Las autoridades municipales han reforzado los planes de seguridad y movilidad para facilitar el desplazamiento y el resguardo de los asistentes, creando un ambiente cuidado y cercano que permite que la experiencia sea tan memorable como segura.
La fuerza de esta tradición no reside solo en su antig edad, sino en la unión que provoca. Las 12 campanadas son un pacto silencioso: despedir lo difícil, agradecer lo aprendido y abrir el 2026 con esperanza. En Comayagua, el Año Nuevo no se grita, se escucha.
Cuando el último sonido se apaga y el cielo se llena de aplausos, queda la certeza de haber sido parte de algo que trasciende el calendario. Porque aquí, con las 12 campanadas, el tiempo no pasa, se comparte.












