En muchos países europeos, las cenas de fin de año incluyen langostas, cangrejos y camarones cocinados vivos en agua hirviendo. Sin embargo, el gobierno del Reino Unido busca poner fin a esta práctica tradicional, considerándola inaceptable desde el punto de vista del bienestar animal.
La nueva "Estrategia sobre el bienestar animal" del gobierno británico propone prohibir la ebullición de langostas, cangrejos, camarones, pulpos y calamares vivos. Esta medida se enmarca en los esfuerzos del país por elevar los estándares de protección animal, luego de que en 2022 se reconociera legalmente que los crustáceos y moluscos cefalópodos son seres sintientes.
Estudios científicos han demostrado que estos animales tienen la capacidad de percibir y procesar información sobre el dolor. "Cuando aplicamos vinagre para estimular el dolor en los tejidos suaves de los ojos cerrados de los crustáceos, lo cual es doloroso para ellos, se observa que esta información es transmitida y procesada por el cerebro del animal", explica el investigador Eleftherios Kasiouras de la Universidad de Gotemburgo.
Países como Noruega, Austria, Nueva Zelanda y Suiza ya han prohibido hervir las langostas vivas, optando por métodos más humanitarios como el sacrificio con toques eléctricos o la congelación a -20 grados. La propuesta británica también incluye la eliminación progresiva de jaulas para gallinas y cerdos, así como la prohibición de la caza con perros y el uso de trampas.
Esta iniciativa forma parte de una tendencia global hacia una mayor consideración del bienestar animal en las prácticas alimentarias y de consumo. A medida que la sociedad evoluciona, las tradiciones culinarias se enfrentan a un escrutinio más riguroso, buscando encontrar un equilibrio entre la preservación cultural y el respeto por los seres vivos.












