El año 2026 marcará una fractura decisiva en el crimen organizado en México. Durante 2025, el debilitamiento de Los Chapitos y la Mayiza, facciones históricas del Cártel de Sinaloa, provocó un reacomodo inédito en el mapa criminal, con rupturas internas y traiciones que desestabilizaron el control tradicional de la organización.
Esta crisis abrió paso a una ola de alianzas inesperadas, la irrupción de nuevos grupos en disputa por las plazas clave y el avance del que se perfila como el próximo grupo criminal dominante: el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG).
La competencia por el poder y el territorio pondrá a México en el radar internacional, sobre todo en un año en el que el país será sede de la Copa del Mundo, que no solo atraerá la atención mediática y turística, sino que también podría incrementar los riesgos en materia de seguridad, según varios expertos en la materia, como Óscar Balderas, María Idalia Gómez, Anabel Hernández, José Luis Montenegro y Víctor Sánchez.
Anabel Hernández y María Idalia Gómez, expertas en temas de narcotráfico y seguridad, sostienen que la ofensiva conjunta de México y Estados Unidos contra Los Chapitos y la Mayiza, facciones históricas del Cártel de Sinaloa, ha detonado una atomización inédita en la estructura criminal. El vacío de poder generado por capturas, traiciones y entregas voluntarias de operadores clave ha fragmentado a la organización en múltiples células, dando paso a una competencia feroz por rutas y mercados.
Hernández destaca la aparición de nuevos narcoempresarios ("narcoyuppies"), quienes mezclan actividades legales con dinero ilícito y buscan discreción, alejándose del estereotipo del capo mediático, para infiltrarse en círculos empresariales y políticos. Esto generará una lucha por el control de los territorios y rutas dejados por el Cártel de Sinaloa, con la participación de remanentes de viejas organizaciones, como el grupo de Fausto Isidro Meza Flores ("Chapo Isidro"), antiguos Beltrán Leyva y otros narcoempresarios, además del CJNG, que aspira a expandir su influencia.
Para 2026, Hernández y Gómez prevén que México enfrentará una etapa de violencia más caótica y dispersa, con una mayor sofisticación en la forma de operar y una ampliación de los mercados criminales bajo la protección política. Advierten que veremos la aparición de cárteles con nuevos nombres, nacidos de fusiones y escisiones tras el ocaso de Sinaloa como marca dominante.
Por su parte, José Luis Montenegro señala que 2026 podría estar marcado por alianzas inéditas y fusiones tácticas entre cárteles previamente antagónicos, en una lógica de supervivencia y conveniencia que diluirá las fronteras entre rivales históricos. Anticipa que el Cártel de Sinaloa está en vías de desaparecer como marca dominante, dando paso a nuevas denominaciones y estructuras criminales.
Víctor Sánchez, por su parte, advierte sobre la consolidación del CJNG como la organización criminal más poderosa del país, ampliando su presencia en entidades como Michoacán, Guanajuato, Chiapas y Tabasco, e incluso intentando incursionar en regiones donde antes dominaba el Cártel de Sinaloa.
Según el periodista Óscar Balderas, la diversificación de las actividades ilegales de los cárteles provocará que menos del 10% de sus ingresos provengan de drogas tradicionales. El resto de sus ganancias se obtendrá a través de extorsión, control de recursos naturales, aprovechamiento de mercados legales y paralegales, y delitos cibernéticos, que se intensificarán durante el Mundial de 2026.
En ese contexto, el lavado de dinero mediante apuestas deportivas y plataformas digitales representará un reto creciente, mientras que la explotación sexual infantil, el turismo sexual y el reclutamiento forzado de menores también se consolidarán como tendencias preocupantes.












