La discusión sobre si los peces realmente sienten dolor ha ganado terreno en los debates científicos, en la vida cotidiana y en las regulaciones de bienestar animal. Esto se debe a que su comportamiento es muy diferente al observado en los mamíferos, lo que lleva a muchos a creer que solo reaccionan de manera mecánica a los estímulos, sin ninguna experiencia consciente.
Para entender si los peces sienten dolor, la ciencia investiga si poseen estructuras físicas para detectar estímulos nocivos y si estos estímulos generan malestar, y no solo reflejos. Se sabe que muchas especies tienen nociceptores, receptores que captan calor extremo, presión intensa y sustancias químicas dañinas.
Los estudios muestran que, ante estímulos potencialmente dolorosos, los peces cambian sus patrones de alimentación, exploración del entorno e interacción social, además de evitar lugares asociados con la incomodidad. Estos resultados sugieren algún tipo de experiencia subjetiva simple, aunque diferente a la de los mamíferos.
Los investigadores analizan desde la detección sensorial hasta las respuestas motoras y fisiológicas. Los nociceptores envían señales al sistema nervioso central, desencadenando una rápida huida, alteraciones en la natación, aumento de la frecuencia cardíaca y liberación de hormonas del estrés. Las técnicas de monitoreo indican que áreas específicas del encéfalo se activan en situaciones de lesión.
Estas respuestas se relacionan, en parte, con lo observado en otros vertebrados, lo que indica un procesamiento más complejo de lo que se pensaba. La administración de analgésicos reduce los comportamientos de malestar y acelera el regreso a la alimentación y la natación normales, lo que refuerza la interpretación de que hay percepción de estímulos dolorosos.
La posibilidad de que los peces sientan dolor influye en las prácticas de pesca comercial, acuicultura y manejo en cautiverio. En muchos países, se está adoptando métodos de captura y sacrificio que reduzcan el estrés intenso, así como ajustes en equipos y manejo posterior a la captura para minimizar las lesiones.
En la acuicultura, se recomienda controlar la densidad de peces en los tanques, mantener una buena calidad del agua, realizar un transporte cuidadoso, utilizar técnicas de sacrificio que reduzcan el tiempo de conciencia y observar signos de enfermedades o lesiones, medidas que contribuyen al bienestar y a una mejor productividad.
En experimentos controlados, los peces presentan un conjunto de reacciones que ayudan a identificar posibles señales de dolor. Estos comportamientos suelen aparecer después de lesiones leves o exposición a sustancias irritantes y se modifican cuando se utilizan analgésicos.
Aún hay divergencias sobre el grado de conciencia que tendrían los peces con respecto al dolor. Algunos expertos defienden que tienen una forma simple de experiencia subjetiva, mientras que otros ven solo respuestas complejas sin un componente consciente similar al de los mamíferos, destacando las diferencias en la estructura cerebral.
A pesar de las dudas, muchos países adoptan el principio de precaución y recomiendan tratar a los peces con mayor cuidado en la pesca, la cría, la experimentación y los acuarios domésticos, ajustando las legislaciones y las prácticas para reducir el sufrimiento innecesario mientras avanzan las nuevas investigaciones en neurociencia y comportamiento.











