China anunció el miércoles haber completado con éxito los ejercicios militares con fuego real alrededor de Taiwán, calificados de provocación por el gobierno de esta isla que Pekín reclama como propia.
El lunes y el martes, China lanzó misiles y desplegó docenas de aviones de combate, navíos de la Armada y embarcaciones de sus guardacostas para rodear a este territorio de 23 millones de habitantes. Según Pekín, los ejercicios tenían como objetivo simular un bloqueo de los principales puertos taiwaneses y asaltos a objetivos marítimos de la isla, a la que amenaza con tomar por la fuerza.
"El Mando del Teatro Oriental del EPL [Ejército Popular de Liberación] ha completado con éxito los ejercicios 'Misión Justicia 2025 ", declaró un portavoz militar chino, el capitán Li Xi. También aseguró que las tropas continuarán entrenándose para "frustrar resueltamente los intentos de los separatistas de la 'Independencia de Taiwán' y la intervención externa".
Horas antes, la Guardia Costera taiwanesa ya había señalado que los buques de guerra chinos alrededor de la isla se habían empezado a retirar, aunque algunos aún permanecían merodeando. "No podemos bajar la guardia", advirtió un oficial.
Taiwán ha calificado los dos días de maniobras como "altamente provocadores y temerarios", además de defender que no lograron imponer un cerco a su territorio. El presidente taiwanés, Lai Ching-te, alertó que las acciones de China "no son un incidente aislado" y suponen "riesgos significativos" para la región, "el transporte marítimo, el comercio y la paz en el mundo".
La demostración de fuerza de China se produce después de que Estados Unidos autorizara una venta récord de armamento a Taipéi y de declaraciones de la primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, en las que sugirió responder militarmente en caso de una agresión de Pekín contra esa isla vecina.
Japón y Australia condenaron los ejercicios militares "desestabilizadores" de China, pero Pekín arremetió contra esas críticas que tachó de "irresponsables". El portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores, Lin Jian, acusó a esos países de "hacer la vista gorda ante las fuerzas separatistas de Taiwán" y de "distorsionar los hechos y confundir el bien y el mal".
La Oficina de Asuntos de Taiwán de China había calificado los simulacros militares como "una severa advertencia a las fuerzas separatistas ( ) y a las fuerzas externas que interfieren". Durante la operación, Pekín afirmó que había desplegado destructores, fragatas, cazas y bombarderos "para realizar maniobras sobre temas de identificación y verificación, advertencia y expulsión, ataques simulados, asalto a objetivos marítimos, así como operaciones antiaéreas y antisubmarinas".












