El presidente de Colombia, Gustavo Petro, ha acusado a Estados Unidos de haber bombardeado una fábrica de cocaína en Maracaibo, al oeste de Venezuela. Estas declaraciones llegan después de que el expresidente Donald Trump anunciara haber destruido un muelle venezolano presuntamente utilizado para el narcotráfico.
Según Petro, el ataque aéreo de Estados Unidos se habría producido en territorio venezolano, lo que representa una escalada en las tensiones entre ambos países. La acusación del mandatario colombiano pone de manifiesto las crecientes fricciones geopolíticas en la región, donde el combate al narcotráfico se ha convertido en un campo de batalla entre Washington y los gobiernos de izquierda.
La supuesta operación militar estadounidense se produce en un momento delicado, con Venezuela sumida en una profunda crisis económica y política. El presidente Nicolás Maduro ha denunciado en repetidas ocasiones la "injerencia" de Estados Unidos en los asuntos internos de su país, acusándolo de promover un "golpe de Estado" en su contra.
Por su parte, la Casa Blanca no ha confirmado ni desmentido las afirmaciones de Petro. Sin embargo, la administración Biden ha mantenido una línea dura contra el gobierno venezolano, manteniendo sanciones económicas y presionando por un cambio de régimen.
La noticia del supuesto bombardeo a una fábrica de cocaína en Venezuela se produce en un momento en que el narcotráfico sigue siendo uno de los principales focos de tensión entre Estados Unidos y los países de la región andina. Colombia, en particular, ha sido un aliado clave de Washington en la lucha antidrogas, recibiendo cuantiosa ayuda militar y económica.
Sin embargo, el gobierno de Petro, de tendencia progresista, ha buscado reorientar la estrategia antinarcóticos, poniendo más énfasis en el desarrollo social y el tratamiento de la adicción como un problema de salud pública. Esta nueva visión ha generado roces con Estados Unidos, que tradicionalmente ha priorizado el enfoque de la "guerra contra las drogas".
Más allá de las acusaciones cruzadas, el supuesto ataque a la fábrica de cocaína en Venezuela pone de manifiesto la complejidad y los riesgos inherentes a la lucha antinarcóticos en la región. La injerencia de potencias extranjeras, las tensiones geopolíticas y los intereses contrapuestos dificultan una solución duradera al problema del narcotráfico, que sigue siendo uno de los mayores desafíos para la estabilidad y el desarrollo de los países andinos.












