La demolición del monumento a la Amistad entre China y Panamá, dedicado a los 150 años de historia y relaciones armoniosas entre ambos pueblos, ha provocado una ola de indignación en Panamá. Según el pronunciamiento del Centro de Estudios Estratégicos Asiáticos de Panamá (CEEAP), la acción fue "arbitraria, racista, xenofóbica, colonial e imperialista".
Todos los sectores de la vida nacional, incluyendo asociaciones chinas, religiones y la Coordinadora Nacional de Asociaciones Negras (CONEGPA), han condenado la demolición. Las autoridades han esgrimido razones de "falta de seguridad" para justificar la acción, algo que ha sido ampliamente cuestionado.
El hecho ha trascendido a nivel internacional y ha expuesto la "orfandad de patriotismo y responsabilidad" de los gobernantes panameños, según el CEEAP. La demolición coincide con el anunciado Corolario Trump a la Doctrina Monroe, una nueva política de seguridad nacional de Estados Unidos que se percibe como una amenaza para la región.
Algunos analistas señalan que la demolición podría ser una distracción para ocultar la "virtual invasión" de fuerzas militares estadounidenses en antiguas bases de la Zona del Canal de Panamá. Esto ha generado preocupación sobre los acuerdos y tratados que permiten el ingreso de tropas estadounidenses al país.
El clamor nacional exige la pronta y completa restauración del monumento en su ubicación original, así como un castigo ejemplar a los responsables de este "abominable agravio a la nacionalidad panameña". Además, se propone colocar una placa en homenaje al ciudadano chino Wong Kong Yee, considerado mártir de la separación de Panamá de Colombia y símbolo de la amistad sino-panameña.

