Cuba ha dado un paso importante en la protección de su agricultura y seguridad alimentaria al crear dos laboratorios especializados en la detección de organismos genéticamente modificados (OGM). Estos centros, ubicados en Mayabeque, permitirán verificar la calidad de semillas y granos importados, evitando así riesgos para la biodiversidad y la salud.
El proyecto, que cuenta con el respaldo financiero del Fondo para el Medio Ambiente Mundial (FMAM), busca fortalecer la implementación del Protocolo de Cartagena sobre Seguridad de la Biotecnología en Cuba. De esta manera, el país podrá garantizar un adecuado nivel de protección en la transferencia, manipulación y uso seguro de los OGM, evitando posibles efectos adversos.
Tanya Romay Fernández, experta en políticas de la Oficina de Regulación y Seguridad Ambiental (ORSA) y coordinadora general del proyecto, destacó los avances logrados desde su inicio en 2020. Los dos laboratorios, en proceso de acreditación, se han integrado a la Red Latinoamericana de Laboratorios de Detección de OGM, lo que facilitará el intercambio de conocimientos y experiencias con otros centros de la región.
Uno de los principales beneficios de estos nuevos laboratorios es que permitirán verificar la calidad de las semillas y granos importados, tanto para siembra como para alimentación animal. Esto contribuirá a la seguridad alimentaria del país, al asegurar que los insumos cumplen con los requisitos necesarios.
Antonio Casanova Guillarte, director general de la ORSA, recordó que este organismo es el encargado de regular y controlar el cumplimiento de las leyes y disposiciones en materia de protección del medio ambiente. Entre sus responsabilidades se encuentra velar por la seguridad biológica, química, nuclear y radiológica, así como la protección de especies de vital importancia para la diversidad biológica.
El proyecto, que deberá concluir en 2026, contempla la capacitación del personal en técnicas moleculares de detección de OGM, así como el desarrollo de herramientas, guías, protocolos y procedimientos adaptados a la realidad y necesidades de Cuba. De esta manera, el país fortalece su soberanía alimentaria y su compromiso con la conservación de la biodiversidad.


