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Senado aplaza debate sobre reforma política hasta 2026, pero acuerdo entre Gobierno y derecha sigue en pie

Mientras un grupo de senadores logró aplazar la votación y llevar la discusión a 2026, en el trasfondo sigue avanzando un entendimiento entre el Gobierno y la derecha para sacar adelante la reforma, incluso en enero. La maniobra dilatoria no detiene –por ahora– el eje central del acuerdo.

Senado aplaza debate sobre reforma política hasta 2026, pero acuerdo entre Gobierno y derecha sigue en pie

El Senado logró aplazar la votación de la reforma al sistema político impulsada por el Gobierno hasta 2026, pero en el trasfondo sigue avanzando un entendimiento entre el Ejecutivo y la derecha para sacar adelante el proyecto, incluso en enero.

La maniobra dilatoria encabezada por los senadores independientes Rojo Edwards y Karim Bianchi, junto al socialcristiano Juan Castro, surtió efecto al menos en lo inmediato. Sin embargo, en el Senado y en La Moneda asumen que el cuadro de fondo no cambió: existe una mayoría transversal dispuesta a empujar el ordenamiento del sistema político.

Más allá de los reparos de parte del Frente Amplio y el Partido Comunista, el Gobierno ya dejó claro que quiere el proyecto avanzado antes del cambio de mando y, de ser posible, aprobado en enero. En paralelo, la mayoría de los "partidos grandes" –del oficialismo, Chile Vamos y Republicanos– han ido alineando posiciones, con un diagnóstico compartido sobre la fragmentación y la dificultad para construir mayorías estables.

Los senadores independientes que lograron el aplazamiento argumentan que la iniciativa fortalece a las colectividades tradicionales y estrecha la cancha para independientes y nuevas fuerzas. Sin embargo, desde el Partido Republicano han transmitido que miran con buenos ojos que la reforma se despache en enero, lo que se lee en el Congreso como una señal política relevante: los votos estarían, más allá del ruido.

Para el diputado socialista Daniel Manouchehri, el corazón del debate es evidente: la proliferación de partidos dificulta los acuerdos y debilita la gobernabilidad. A su juicio, la reforma no se piensa para un Gobierno en particular, sino para dotar de mayor estabilidad a quienes deban gobernar en el futuro.

Así, mientras los "díscolos" celebran haber corrido el reloj, en los pasillos del Senado se impone otra lectura: el retraso ordena el calendario, pero no altera la aritmética. Con el respaldo del Gobierno y la venia –explícita o tácita– de la derecha tradicional y Republicanos, el acuerdo para reformar el sistema político sigue en pie y apunta a enero como su estación decisiva.

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