El Frente Amplio (FA) en Uruguay se ha enfrentado a un dilema ético y conceptual al momento de abordar la realidad de la Cuba actual. Durante décadas, la isla caribeña ha sido un símbolo y referente para la izquierda uruguaya, pero la deriva autoritaria del régimen de partido único ha puesto en jaque la capacidad del FA para mantener una postura coherente con sus principios democráticos.
El artículo analiza cómo el FA, una vez en el gobierno a partir del 2000, abandonó progresivamente el lenguaje revolucionario y la confrontación ideológica, para centrarse en la gestión técnica y la administración del consenso. En este marco, Cuba se convirtió en una "piedra en el zapato" que el FA prefirió evitar criticar, por temor a cuestionar nociones esenciales de su propia identidad.
La postura del FA ante Cuba refleja una crisis más profunda de la izquierda uruguaya, que ha renunciado a pensar el socialismo como un proyecto transformador y se ha refugiado en la nostalgia de los símbolos del pasado. Al negarse a analizar críticamente la realidad cubana, el FA también evita discutir sobre la democratización radical del Estado, el papel de la autogestión y la economía social, la autonomía del movimiento popular y el sentido del socialismo en el siglo XXI.
El silencio del FA frente a la represión y la falta de libertades en Cuba revela una doble vara en la defensa de los derechos humanos, erosionando su autoridad moral. Pero más allá de eso, este tabú expone un vacío teórico y la incapacidad de la izquierda uruguaya para imaginar alternativas propias, más allá de la repetición de consignas y la aferrarse a referentes externos.
La crítica a Cuba, argumenta el artículo, es en realidad la crítica que el FA pos-2000 nunca se atrevió a hacerse a sí mismo. Para reconstruir una izquierda verdaderamente transformadora, el primer paso es asumir que un régimen militarizado de partido único no es socialismo, y que una izquierda que teme nombrar la opresión no puede liberar a nadie.


