El campeón olímpico cuencano, Jefferson Pérez, realizó este sábado 1 de agosto su primera aparición pública oficial en calidad de presidente del Comité Olímpico Ecuatoriano (COE). El encuentro tuvo lugar en la pista de atletismo que lleva su nombre, espacio donde actualmente se desarrollan las competencias de los Juegos Nacionales Prejuveniles. Durante su visita, Pérez no solo compartió sus impresiones sobre el inicio de su gestión, sino que lanzó una advertencia que ha generado preocupación en el ámbito deportivo nacional: la participación de Ecuador en los Juegos Sudamericanos 2026 se encuentra en peligro.
Durante la interacción con los medios, el nuevo presidente del organismo señaló que la situación administrativa y organizativa que encontró al asumir el cargo es "extremadamente crítica". Según explicó, esta preocupación radica principalmente en los tiempos actuales, lo que pone en riesgo la presencia de la delegación ecuatoriana en el evento sudamericano de 2026. Esta declaración pone de manifiesto la urgencia de tomar medidas correctivas inmediatas para evitar que los deportistas pierdan la oportunidad de competir en dicho certamen.
Para revertir este escenario desfavorable, Jefferson Pérez propuso una estrategia basada en el trabajo coordinado y la cooperación interinstitucional. El presidente afirmó que el Comité Olímpico Ecuatoriano trabajará de manera conjunta con el Ministerio del Deporte, la Contraloría General del Estado, las diversas federaciones deportivas y todos los organismos involucrados en el ciclo olímpico. Pérez subrayó que el éxito de estas gestiones dependerá del compromiso colectivo, asegurando que si todos los actores "ponen el hombro", será posible sacar adelante la situación actual.
En un análisis sobre la complejidad del momento, el dirigente utilizó una analogía deportiva para describir la crisis. Pérez comparó la situación del COE con un partido de fútbol en el que el equipo ecuatoriano va perdiendo 2-0 al finalizar el primer tiempo, atribuyendo este resultado negativo a un problema de tiempos. A pesar de la dificultad del marcador, el campeón olímpico manifestó tener fe en que es posible remontar la situación. Al respecto, indicó que, aunque el panorama es muy difícil, nunca le han gustado los retos fáciles, mostrando así su determinación para enfrentar la crisis heredada.
En cuanto a la relación con el Gobierno Nacional y las diversas instituciones del Estado, el presidente del COE enfatizó que su administración mantendrá una política de puertas abiertas. Pérez describió que sus "brazos, corazón y mente" están abiertos al diálogo constante. No obstante, dejó claro que este acercamiento debe darse bajo un marco de respeto absoluto a la autonomía del movimiento olímpico. El objetivo central de esta coordinación institucional, según el dirigente, debe ser garantizar que los únicos beneficiados sean los deportistas ecuatorianos.
Para Jefferson Pérez, asumir la presidencia del Comité Olímpico Ecuatoriano representa una responsabilidad de gran magnitud. El dirigente destacó el hecho de que, según su conocimiento, es la primera vez que un cuencano accede a esta dignidad. Además, resaltó una coincidencia temporal significativa, ya que su llegada a la presidencia ocurre exactamente 30 años después de haber obtenido su medalla olímpica. Para Pérez, este ciclo de vida sugiere que ahora es el momento de ayudar a que una nueva generación de deportistas pueda alcanzar sus sueños.
Finalmente, el presidente definió el sello que pretende imprimir en su administración, alejándose de la idea de un liderazgo unipersonal. Pérez fue enfático al señalar que el Comité Olímpico Ecuatoriano no es una sola persona ni una directiva aislada, sino que es la suma de las federaciones, los dirigentes y los propios deportistas. Bajo esta premisa de unidad, aseguró que solo trabajando juntos se podrá fortalecer el deporte ecuatoriano y asegurar el futuro de los atletas del país.

