La sede de la Federación ha sido el escenario de una jornada decisiva para el futuro del fútbol italiano. En una rueda de prensa conjunta, se ha hecho oficial la nueva estructura técnica de la Selección Nacional, con la presentación de Roberto Mancini como el nuevo seleccionador y de Ranieri como el responsable de dirigir la estructura del fútbol base. Ambos perfiles han sido seleccionados por el presidente de la Federación, Giovanni Malagò, con el objetivo primordial de rescatar a la ‘Azzurra’ de una crisis profunda que se ha manifestado en la dolorosa exclusión de las últimas tres Copas del Mundo.
Ranieri, el técnico de 74 años, ha asumido su nuevo rol con una visión centrada en la base del deporte y la recuperación del sentimiento nacional. Durante su intervención, el nuevo director técnico fue enfático al señalar que su meta principal trasciende los resultados inmediatos, enfocándose en la conexión emocional entre el equipo y la ciudadanía. Según sus propias palabras, su objetivo es lograr que los aficionados se enamoren de nuevo de la selección y garantizar que las nuevas generaciones, citando como ejemplo a su propio nieto de 12 años, tengan la oportunidad de ver a Italia competir nuevamente en un Mundial.
En cuanto a la metodología de trabajo, Ranieri ha manifestado su total coincidencia con las reflexiones que previamente había expuesto Paolo Maldini, su predecesor en el cargo hasta su reciente dimisión. El proyecto se centrará en una planificación a largo plazo, poniendo el foco específicamente en los niños de entre 10 y 12 años, una etapa crítica para el desarrollo del futbolista. Ranieri ha identificado un problema estructural en la formación italiana: el exceso de dependencia de la táctica frente a la carencia de habilidades individuales.
El director técnico argumentó que, si bien Italia es sumamente competente en el orden táctico y esto ha permitido ganar en categorías inferiores, se ha descuidado la técnica individual. Ranieri advirtió que, mientras los italianos se basan en la organización, los rivales destacan por su capacidad de regate. Por ello, insistió en la urgencia de volver a priorizar la técnica individual, asegurando que es fundamental que los niños aprendan a manejar el balón con soltura antes de priorizar la rigidez del sistema.
Más allá de lo deportivo, Ranieri también puso sobre la mesa una problemática social y económica que afecta el ingreso de nuevos talentos al fútbol base. Basándose en una experiencia reciente en Cagliari, en Cerdeña, el técnico alertó sobre las barreras financieras que enfrentan muchas familias para inscribir a sus hijos en las escuelas deportivas. Ranieri sostuvo que la situación actual es insostenible, ya que el coste de las cuotas está provocando que los niños abandonen el fútbol para dedicarse a otros juegos. Para combatir este fenómeno, propuso la necesidad de reenganchar a los menores al deporte mediante la reducción de los precios en las escuelas de formación.
Este nuevo ciclo comienza en un clima de tensión institucional. La llegada de Mancini y Ranieri ha precipitado la salida de Paolo Maldini, quien dimitió ayer, apenas quince días después de haber sido nombrado director técnico. La razón de su renuncia radica en una profunda discrepancia con la presidencia de Giovanni Malagò respecto a la elección del seleccionador. Maldini defendía la candidatura de Andrea Pirlo para dirigir al equipo, una opción que fue rechazada tajantemente por Malagò. El motivo del veto a Pirlo fue su labor como embajador de una casa de apuestas rusa, hecho que llevó al presidente de la Federación a descartar su nombre y optar por la dupla de Mancini y Ranieri para sacar a la Selección de su actual estado de crisis.


