El fútbol chileno se ha visto envuelto en una nueva y polémica situación de indisciplina durante el desarrollo de la fecha 16 de la Liga de Primera. En el marco del encuentro disputado este sábado entre Huachipato y Cobresal, que terminó en igualdad, el volante uruguayo Kevin Altez protagonizó un incidente de extrema gravedad al agredir físicamente al juez central del encuentro, Héctor Jona.
Los hechos ocurrieron en el tramo final del partido, específicamente en el minuto 85, momento en el cual el juego se vio interrumpido por una situación médica. El árbitro Héctor Jona decidió activar el protocolo de conmoción cerebral luego de que se produjera un choque accidental entre dos jugadores: el guardameta del conjunto minero, Alejandro Santander, y su propio compañero de equipo, Franco Bechtholdt. Esta medida, diseñada para resguardar la integridad física de los deportistas ante posibles traumatismos craneales, provocó una detención necesaria en el flujo del encuentro.
Sin embargo, este retraso en la reanudación del juego no fue bien recibido por Kevin Altez. El volante de Huachipato, visiblemente enfurecido por la pausa, comenzó a increpar al colegiado de manera airada. Lo que inició como una discusión verbal ascendió rápidamente de tono, derivando en un enfrentamiento directo entre el futbolista y el réferi. Según los reportes del encuentro, se produjo un denominado "toreo" entre ambos, una situación de tensión máxima donde Altez, perdiendo los estribos, reaccionó propinando un cabezazo contra Héctor Jona.
Ante la magnitud de la agresión física, el juez no tuvo más alternativa que sancionar inmediatamente al jugador uruguayo con una tarjeta roja directa, dejándolo fuera del terreno de juego y dejando a su equipo con un hombre menos para el cierre del compromiso. La acción fue captada y posteriormente difundida, generando una fuerte repercusión en el ámbito deportivo.
No obstante, el castigo recibido en el campo de juego es solo el inicio de los problemas para el exvolante del Defensor Sporting y el Montevideo City Torque. Kevin Altez ahora deberá enfrentar el proceso administrativo y disciplinario que conlleva una agresión a la autoridad arbitral. De acuerdo con el Código de Procedimiento y Penalidades de la ANFP, las sanciones para estos casos son severas.
De manera preliminar, el reglamento sostiene que un futbolista puede ser sancionado con una suspensión que oscila entre los cuatro y los diez partidos cuando se comprueba que ha intentado agredir de hecho al árbitro o a los árbitros asistentes. El código también contempla castigos similares para acciones como sujetar, empujar o propinar un pechazo a los actores del arbitraje, situaciones que se alinean con la gravedad de lo ocurrido en el duelo contra Cobresal.
A pesar de que el reglamento marca estos rangos, la sanción definitiva no es automática, ya que dependerá estrictamente de lo que decrete el Tribunal de Disciplina tras analizar los informes arbitrales y las pruebas disponibles. Asimismo, el proceso no se limitará únicamente al jugador, ya que se ha planteado la posibilidad de que el actuar del árbitro Héctor Jona también sea juzgado en el marco de los protocolos de conducta.
Para entender la magnitud de lo que podría enfrentar Altez, es necesario revisar los antecedentes recientes en el fútbol nacional. Un caso emblemático es el de Juan Pablo Miño, quien mientras militaba en Brujas de Salamanca fue acusado de atacar al juez Bastián Pavez durante la decimotercera fecha de la Segunda División 2025 en el partido contra Provincial Osorno. En aquella ocasión, la sanción inicial fue drástica, alcanzando las 20 fechas de suspensión, aunque posteriormente fue reducida a nueve tras un proceso de apelación.
Este precedente deja claro que el Tribunal de Disciplina tiene la facultad de imponer castigos prolongados cuando se vulnera la autoridad del juez en cancha, lo que coloca a Kevin Altez en una posición vulnerable y a la espera de un fallo que podría alejarlo de las canchas por un periodo considerable.


