La 103ª edición de la Clásica de Ordizia, una centenaria prueba del calendario ciclista español, ha culminado con un desenlace inesperado que ha dejado una huella imborrable en los asistentes. El ciclista uruguayo Guillermo Thomas Silva, integrante del equipo Astana, se ha alzado con la victoria en una jornada marcada por la intensidad y la estrategia táctica. El triunfo de Silva llega como una sorpresa, especialmente al considerar que el principal favorito para llevarse el trofeo era el navarro Igor Arrieta, quien llegaba a la competición con la responsabilidad de defender su título anterior, pero que finalmente no pudo imponerse a la velocidad del corredor sudamericano.
A medida que la carrera avanzaba, se gestó el movimiento más significativo de la jornada. A media prueba, un grupo compuesto por cinco corredores logró distanciarse del pelotón principal. Entre los integrantes de esta fuga destacaba Oscar Nilsson, un especialista en pista que demostró una gran capacidad de adaptación al terreno escarpado del trazado. Junto a él, el portugués Lucas Lopes y el español Ibai Azanza, integrante del equipo Kern Pharma, trabajaron para consolidar la ventaja, logrando alcanzar un minuto de diferencia respecto al grupo perseguidor cuando aún restaban 70 kilómetros para llegar a la línea de meta.
El diseño y el perfil de esta clásica obligaban a los participantes a enfrentar el alto de Abaltzisketa en cinco ocasiones. Este puerto, clasificado como de tercera categoría, se convertía en el punto neurálgico de la competición. Al quedar únicamente dos ascensos pendientes, los cuales suelen ser los momentos decisivos donde se define el resultado final, el equipo Astana decidió cambiar su estrategia. La escuadra se centró en frenar la fuga inicial y en realizar una criba selecta de corredores, buscando reducir el grupo a los más fuertes y preparar el terreno para el desenlace.
En este contexto de alta tensión, Samuel Fernández y Hugo de la Calle surgieron como los protagonistas de los últimos kilómetros decisivos. El asturiano Hugo de la Calle, quien ostenta el título de campeón nacional sub-23 de hace dos años, es reconocido por su notable habilidad como rodador en solitario. A falta de 20 kilómetros para el final, De la Calle decidió abandonar la compañía de Samuel Fernández para emprender una ofensiva individual. Su objetivo era aprovechar la última subida al puerto de Abaltzisketa para intentar asegurar la victoria, aunque finalmente fue neutralizado por el grupo perseguidor.
Tras la neutralización de De la Calle, el equipo UAE asumió el mando de la carrera, intentando controlar los ritmos y mantener el orden en el pelotón. Sin embargo, no pudieron evitar la salida de Paul Double, el corredor británico del equipo Jayco. El ataque de Double descontroló los últimos kilómetros de la prueba, provocando una sucesión de ataques constantes que el pelotón se vio incapaz de contener, generando un escenario de inestabilidad táctica camino a la meta.
En la bajada final hacia la línea de llegada, apareció la figura de Igor Arrieta. El navarro lanzó un ataque decisivo que solo pudo ser seguido por el uruguayo Guillermo Thomas Silva. Ambos corredores se descolgaron del grupo para jugarse el triunfo en un duelo directo. A pesar de la potencia y la experiencia de Arrieta como defensor del título, la punta de velocidad de Guillermo Thomas Silva resultó superior.
Tal como se preveía por su perfil, el corredor del equipo Astana fue el más rápido en el tramo final. Silva logró imponerse en el sprint, adelantando al navarro en los metros finales para alzarse con la gloria en esta histórica carrera española. Con este resultado, el uruguayo se lleva la victoria en una de las pruebas más emblemáticas del ciclismo español, superando al máximo favorito en el momento más crítico de la competición.


