Un trágico suceso ha conmocionado al barrio de Las Tablas, en Madrid, tras el hallazgo del cuerpo sin vida de Facundo Rico, un ingeniero argentino de 37 años que residía en España desde hacía más de una década. La víctima fue encontrada en su domicilio con múltiples heridas de arma blanca y rastros de una sustancia química, en un crimen que, según las investigaciones preliminares, fue motivado por una obsesión sentimental.
El cuerpo del profesional fue localizado el martes de la semana pasada en un departamento situado en el sexto piso de una urbanización de la calle de Cirauqui, perteneciente al distrito de Fuencarral-El Pardo. El descubrimiento se produjo luego de que la Policía Nacional recibiera una alerta sobre un intenso olor a producto químico que emanaba de la vivienda. Ante la ausencia de respuesta del residente, los Bomberos de Madrid se desplazaron al lugar cerca de las 9:50 horas y procedieron a ingresar en la propiedad a través de una ventana.
Al entrar, los efectivos de emergencia encontraron a Rico inconsciente en el suelo de la cocina, atravesando un paro cardiorrespiratorio. Los bomberos iniciaron inmediatamente las maniobras de reanimación cardiopulmonar (RCP), las cuales fueron continuadas por el personal del SAMUR-Protección Civil durante aproximadamente 45 minutos. A pesar de los esfuerzos sanitarios, los médicos constataron el fallecimiento de la víctima.
El examen del cuerpo reveló que el ingeniero presentaba 13 puñaladas distribuidas en el abdomen, la espalda y el omóplato. En la escena del crimen, los investigadores hallaron un cuchillo de aproximadamente 20 centímetros que se presume fue el arma utilizada para el ataque. Un detalle alarmante fue la presencia de gas pimienta, el cual había quedado impregnado incluso en las paredes del domicilio. Tanto los agentes de policía como los rescatistas reportaron un fuerte picor en los ojos al ingresar, lo que llevó a los investigadores a concluir que el agresor utilizó el gas pimienta para reducir o desorientar a Facundo Rico antes de proceder al ataque con el arma blanca.
Facundo Rico, quien poseía tanto la nacionalidad argentina como la española, era un ingeniero especializado en energías renovables. Llevaba más de diez años instalado en España y, antes de fijar su residencia en Madrid, había vivido en Extremadura. Desde hacía unos tres o cuatro años alquilaba el departamento de Las Tablas donde ocurrió el crimen. Según el testimonio del portero de la urbanización, Rico no era una persona muy conocida entre sus vecinos, ya que su actividad profesional le exigía viajar con frecuencia, pasando periodos prolongados fuera de la vivienda.
La investigación, liderada por el Grupo V de Homicidios de la Policía Nacional, descartó rápidamente la hipótesis inicial de un suicidio debido a la naturaleza de las lesiones y a los elementos encontrados en la escena. El avance de las pesquisas permitió identificar como principal sospechoso a un hombre de 65 años, identificado como A.J.
Según la principal hipótesis policial, A.J. atravesaba una crisis matrimonial profunda, ya que su esposa, de 50 años, había manifestado su deseo de separarse. En medio de este conflicto, el hombre comenzó a investigar la existencia de una posible tercera persona involucrada en la ruptura. En ese proceso, descubrió que su pareja y Facundo Rico asistían al mismo gimnasio. A pesar de no contar con pruebas concretas de un vínculo sentimental, A.J. se obsesionó con la idea de que su esposa le era infiel con el ingeniero argentino.
La reconstrucción de los hechos indica que el sospechoso se trasladó hasta el domicilio de la víctima en un automóvil de color rojo, ingreso que quedó registrado por las cámaras de seguridad de la urbanización. Tras cometer el crimen, A.J. se cruzó con el portero del edificio, quien intentó interpelarlo sobre su presencia en el lugar, pero el hombre evitó responder y abandonó rápidamente el recinto.
El presunto agresor regresó a su domicilio en un pueblo de la provincia de Ávila. Sin embargo, un día después del asesinato, el hombre decidió quitarse la vida arrojándose al vacío en un paraje conocido como Charco de la Olla. Este suicidio ha condicionado significativamente el avance de la causa judicial, ya que impide la detención e interrogatorio del sospechoso, dejando sin respuesta diversos interrogantes centrales del expediente.

