En un análisis publicado a través del portal TalCual, la narradora y cronista venezolana Aglaya Kinzbruner plantea una tesis contundente sobre la situación actual de Venezuela, describiéndola, en sus palabras, como un "país de presos". Según la autora, esta realidad contrasta drásticamente con la narrativa oficial que intenta proyectar la imagen de una nación feliz y caracterizada por una memoria corta, una percepción que Kinzbruner califica como incierta.
La autora comienza su reflexión enfocándose en los presos políticos, a quienes describe mediante un silogismo sencillo pero directo: afirma que en Venezuela existen muchos presos políticos, que estos son personas buenas y que, por lo tanto, el país alberga a muchos presos buenos. No obstante, sostiene que este grupo no es el único que se encuentra en una situación de cautiverio o restricción.
En este contexto, Kinzbruner incluye a los periodistas, a quienes denomina "escribidores". La autora cuestiona la posibilidad de que los profesionales de la comunicación puedan relatar la verdad completa sobre los acontecimientos recientes en el país. Advierte que decir la verdad conlleva riesgos significativos, sugiriendo que aquellos que se atreven a hacerlo podrían enfrentarse a visitas de "encapuchados siniestros".
Como ejemplo de las limitaciones a la libertad de expresión, la cronista menciona la imposibilidad de reportar ciertos eventos internacionales desde la perspectiva venezolana. Específicamente, hace referencia a las elecciones estadounidenses de 2020, señalando que hubo numerosas llamadas desde Venezuela de ciudadanos venezolanos residentes en Estados Unidos denunciando un fraude masivo. Según el texto, estas denuncias incluían la existencia de boletas de voto por correo (mail-in ballots) que llegaban en blanco, sin el nombre del destinatario, además de fraudes electrónicos.
La autora indica que estas denuncias fueron respaldadas por Donald Trump, quien se enfrentó a medios de comunicación en Estados Unidos que ella describe como mayoritariamente izquierdistas. Asimismo, señala que la cúpula reinante en Venezuela, que en aquel momento mantenía una postura pro Biden y pro Kamala, se posicionaba firmemente en contra de Trump, manteniendo una estructura de mando piramidal.
El análisis de Kinzbruner se extiende hacia una dimensión metafórica y espiritual para describir a quienes ya no están. Afirma que, en la base de esa pirámide de poder, se encuentran miles de muertos que ahora están bajo el juicio de Osiris. Utilizando la mitología egipcia, explica que Osiris decide quién renace basándose en una balanza donde su ayudante, Anubis, pesa el corazón del difunto contra la pluma de Maat. Si el corazón es más pesado que la pluma, la persona es devorada por un monstruo y pierde su alma, convirtiéndose en un "desalmado".
Bajo esta premisa, la autora sostiene que los integrantes de la cúpula gobernante, al ser "desalmados", no tienen a dónde ir y, por lo tanto, también se encuentran presos. Para la cronista, este es el núcleo del problema: la existencia de prisioneros en todas las esferas de la sociedad.
Como casos concretos de este encarcelamiento, Kinzbruner menciona a la doctora Afiuni, quien estaría presa por conocer los detalles de un escándalo derivado de un "enamoramiento tóxico juvenil". También cita el caso de la abogada Rocío San Miguel, quien se encuentra privada de libertad y tiene prohibido hablar, viéndose obligada a comunicarse mediante señas. Según la autora, San Miguel posee conocimientos profundos sobre la historia del reclamo del Esequibo, un reclamo que, según Kinzbruner, ha caducado hace tiempo, aunque dicha información no pueda ser expresada abiertamente.
Finalmente, la autora relata una anécdota personal sobre una amiga que encontró un mapa antiguo en un anticuario de Londres donde el Esequibo aparecía incluido como parte de Venezuela. A pesar de que se notificó inmediatamente al Consulado Venezolano en Londres, la autora afirma que no hubo ninguna acción al respecto, concluyendo que este silencio es representativo de la gestión tanto de la Cuarta como de la Quinta República.

