En Chile, una cifra alarmante de entre 300 mil y 600 mil mujeres y personas con útero conviven con endometriosis, una enfermedad ginecológica crónica que afecta aproximadamente al 10% de la población femenina en edad reproductiva en el país. A pesar de su alta prevalencia, el camino hacia la detección oportuna es complejo y prolongado, con diagnósticos que pueden tardar entre siete y diez años desde la aparición de los primeros síntomas.
Esta demora diagnóstica representa uno de los desafíos más críticos para el sistema de salud, ya que el tiempo transcurrido sin tratamiento aumenta significativamente el riesgo de desarrollar dolor crónico, complicaciones en la fertilidad y otras afecciones que deterioran gravemente la calidad de vida de las pacientes.
La endometriosis se caracteriza por el crecimiento de un tejido similar al endometrio —la capa que recubre el interior del útero— fuera de este órgano. Este tejido puede afectar estructuras fundamentales como los ovarios y las trompas de Falopio y, en los casos más severos, extenderse hacia el intestino o el sistema urinario, provocando daños estructurales y funcionales.
Uno de los obstáculos principales para la detección temprana es la normalización cultural del dolor menstrual. Victoria Cancino, matrona de DKT South America, advierte que existe una tendencia persistente a considerar el sufrimiento durante la menstruación como algo habitual. Según la especialista, muchas mujeres escuchan durante años que sentir dolor es normal, lo que retrasa la consulta médica. Cancino es enfática al señalar que el dolor incapacitante nunca debería considerarse una parte normal del ciclo menstrual.
El impacto de esta condición se refleja claramente en las estadísticas del sistema de salud chileno. La tasa de egresos hospitalarios por endometriosis es de 64,15 casos por cada 100 mil habitantes. Sin embargo, esta cifra se intensifica en el grupo de mujeres entre 20 y 44 años, quienes concentran la mayor cantidad de hospitalizaciones, alcanzando una tasa de 82,90 por cada 100 mil mujeres.
El proceso de diagnóstico es particularmente difícil debido a que los síntomas de la endometriosis pueden confundirse con otras enfermedades ginecológicas o digestivas, variando considerablemente de una paciente a otra. Esto provoca que muchas personas convivan durante años con malestares persistentes sin sospechar que existe una enfermedad de base.
En cuanto a las herramientas de detección, los especialistas indican que, si bien la ecografía transvaginal es una herramienta útil que aporta información relevante, no siempre es suficiente para confirmar la enfermedad. En diversos casos, es imperativo recurrir a estudios más complejos, como las resonancias magnéticas u otros procedimientos específicos indicados por especialistas para obtener un diagnóstico certero.
Asimismo, existe un riesgo asociado al uso de tratamientos hormonales. Si bien los anticonceptivos hormonales son herramientas valiosas para manejar la enfermedad, reducir los sangrados y aliviar el dolor, estos no eliminan la necesidad de mantener controles médicos periódicos. De acuerdo con la matrona Victoria Cancino, el uso de estos fármacos no reemplaza la evaluación médica; si existen síntomas persistentes o antecedentes, es fundamental evaluarlos para llegar a un diagnóstico oportuno.
La falta de una detección temprana conlleva a un deterioro progresivo. A medida que la endometriosis avanza, aumenta la probabilidad de desarrollar adherencias entre órganos, compromiso del sistema urinario o intestinal y dolor pélvico crónico. En etapas avanzadas, la enfermedad puede comprometer seriamente los ovarios y las trompas de Falopio.
Más allá del daño físico, el impacto es psicosocial. El retraso en el diagnóstico afecta la vida laboral, las relaciones personales y la salud mental de las pacientes, llegando incluso a provocar la postergación de proyectos vitales como la maternidad. No obstante, detectarla a tiempo permite controlar la progresión y mejorar la calidad de vida.
Es importante aclarar que, aunque la endometriosis no está asociada al desarrollo de cáncer, puede convertirse en una condición altamente incapacitante si no recibe el tratamiento adecuado. Las alternativas terapéuticas varían según el grado de avance e incluyen el uso de medicamentos antiinflamatorios, tratamientos hormonales e intervenciones quirúrgicas para los casos de mayor complejidad.
Finalmente, los especialistas coinciden en que la educación en salud sexual y reproductiva es la herramienta fundamental para combatir el avance silencioso de esta enfermedad. Fomentar el acceso a información confiable y promover controles ginecológicos oportunos son pasos esenciales para evitar que el dolor incapacitante siga siendo normalizado y para garantizar que las pacientes accedan a tratamientos que protejan su bienestar integral.


