La Administración Nacional Oceânica e Atmosférica (Noaa) de los Estados Unidos, una de las entidades con mayor autoridad global en materia de clima, meteorología y ciencias oceánicas, ha emitido una actualización crítica sobre el estado del clima global. Según la información divulgada este jueves (9), las probabilidades de que el planeta experimente un "super El Niño" han aumentado significativamente, alcanzando ahora un 81% de probabilidad para el periodo comprendido entre octubre y diciembre.
Este nuevo dato representa un incremento notable respecto a las previsiones emitidas por la agencia en el mes de junio. En aquel momento, la Noaa estimaba que existía un 63% de posibilidad de que se produjera un evento climático muy fuerte entre noviembre del presente año y enero de 2027. El ajuste al alza en las probabilidades subraya la aceleración y el fortalecimiento del fenómeno en las últimas semanas.
El fenómeno climático en cuestión fue confirmado oficialmente por el órgano el mes pasado. El El Niño se define técnicamente como el calentamiento por encima de la media de las aguas del océano Pacífico ecuatorial. Este proceso es diametralmente opuesto a lo que ocurre durante el fenómeno de La Niña, el cual se caracteriza por un enfriamiento de la superficie marina en esa misma región geográfica. De acuerdo con los reportes de la Noaa, el El Niño se ha intensificado durante el último mes, sugiriendo una trayectoria de crecimiento constante.
La gravedad de este evento se mide a través de la temperatura superficial del agua. Para que un El Niño sea clasificado como "muy fuerte", se requiere un calentamiento igual o superior a los 2°C en comparación con la media histórica de las aguas superficiales del océano Pacífico, específicamente en la zona cercana a la línea del Ecuador. Bajo estos parámetros, la agencia estima que el El Niño de este año podría posicionarse como uno de los más intensos registrados desde que se iniciaron los seguimientos sistemáticos en el año 1950.
En cuanto a las repercusiones climáticas, la Noaa ha sido cautelosa al explicar que un El Niño más fuerte no se traduce automáticamente en consecuencias más graves en todos los casos. No obstante, la clasificación de "muy fuerte" sí incrementa considerablemente las probabilidades de que se manifiesten los impactos más característicos de este fenómeno. Dependiendo de la región del planeta, esto podría traducirse en la aparición de tormentas más severas, sequías prolongadas u ondas de calor más intensas.
El impacto en Brasil es particularmente preocupante debido a la distribución geográfica de sus efectos. El fenómeno tiende a provocar condiciones de sequía en las regiones Norte, Nordeste, Centro-Oeste y en diversas zonas del Sudeste. Por el contrario, en la región Sur, la tendencia es el incremento de las precipitaciones. Con la actualización de las previsiones de la Noaa, se elevan las posibilidades de que gran parte del territorio brasileño enfrente un verano excepcionalmente caluroso.
El meteorólogo Tércio Ambrizzi, quien se desempeña como director del Instituto de Energía e Ambiente de la Universidad de São Paulo (IEA-USP) y es un experto investigador del fenómeno, ha aportado claridad sobre los mecanismos atmosféricos involucrados. Ambrizzi explica que el El Niño favorece la intensidad de los eventos climáticos en aquellas regiones que son más sensibles a los cambios en la circulación atmosférica que el fenómeno genera.
Asimismo, el especialista destacó un factor agravante: la interacción entre el El Niño y el calentamiento global. Según Ambrizzi, el fenómeno climático favorece el aumento en el número de ondas de calor, aunque advierte que el calentamiento global ya está contribuyendo por sí mismo a este incremento de temperaturas extremas, creando un escenario de vulnerabilidad atmosférica.
Finalmente, la proyección temporal del fenómeno indica que su persistencia será prolongada. La Noaa estima que el El Niño se mantendrá activo, al menos, hasta el inicio del otoño, situando el límite de su duración hacia el mes de abril del próximo año. Esta ventana temporal pone en alerta a los sistemas de gestión de riesgos y agricultura, dado que el impacto se extenderá durante varios meses cruciales del ciclo climático.


