El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se dirige esta semana a Turquía para participar en una cumbre de la OTAN marcada por un clima de alta tensión y una relación deteriorada con sus aliados europeos. El mandatario estadounidense, cuya asistencia a la reunión en Ankara ha sido descrita como reacia, llega en un momento en que la alianza de 77 años enfrenta una de sus pruebas más severas debido a la insatisfacción de Washington respecto al apoyo recibido durante la reciente operación militar en Irán.
La raíz de la actual fricción se remonta a reuniones mantenidas en la Casa Blanca durante la primavera, donde Trump manifestó su enfurecimiento al constatar que varios miembros de la OTAN se negaron a unirse a su intervención militar en Irán. Según fuentes familiarizadas con las conversaciones, fue en ese contexto donde el presidente planteó la posibilidad de reducir las fuerzas estadounidenses desplegadas en Europa en un tercio, con el objetivo de enviar un mensaje claro a aquellos países que considera que no han actuado como aliados leales.
Esta postura tuvo repercusiones inmediatas en el Pentágono. Casi simultáneamente a las reflexiones del presidente, el Departamento de Defensa canceló abruptamente dos despliegues militares en Europa y ordenó la evacuación de personal adicional del continente. De acuerdo con fuentes cercanas al asunto, el secretario de Defensa, Pete Hegseth, tenía previsto anunciar durante una reunión de la OTAN en junio recortes aún más drásticos que podrían haber materializado la reducción de un tercio sugerida por Trump. No obstante, tras consultar con otros altos funcionarios del Gobierno, el plan fue modificado y Hegseth presentó, en su lugar, una revisión de seis meses sobre las fuerzas estadounidenses en Europa, advirtiendo que los resultados de dicha evaluación podrían ser aprobados por algunos países y suspendidos por otros.
La cumbre de Ankara se presenta como un escenario complejo. Trump ha admitido que asistirá principalmente por el respeto que profesa al presidente turco, Recep Tayyip Erdoğan, a quien considera un amigo. De hecho, fuentes cercanas indican que se le comunicó en privado que ausentarse de la cita sería visto como una falta de respeto hacia el líder turco. Mientras tanto, el embajador de Estados Unidos ante la OTAN, Matthew Whitaker, ha señalado que este encuentro es el momento oportuno para que los aliados europeos den un paso al frente, algo que el presidente Trump espera ver materializado.
La retórica de Trump ha sido tajante. A través de sus redes sociales, ha calificado de "ridículo" que Estados Unidos continúe actuando de manera unilateral cuando la relación con sus aliados no es recíproca, insistiendo en que estos no estuvieron presentes cuando fueron necesarios. En conversaciones privadas con el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, el presidente fue enfático al declarar que no busca dinero, sino lealtad, reafirmando que Estados Unidos posee el ejército más poderoso del mundo.
A este panorama se suman otros puntos de conflicto, como la insistencia de Trump en la adquisición de Groenlandia, territorio autónomo danés, argumentando que es una necesidad para la seguridad nacional y la protección frente a Rusia y China. Asimismo, su deferencia hacia el presidente ruso, Vladimir Putin, ha generado temores entre los funcionarios europeos sobre posibles operaciones rusas en territorio de la OTAN para poner a prueba la determinación de la alianza.
La inestabilidad también se ha extendido a las relaciones personales entre líderes. A pesar de un aparente acercamiento durante la cumbre del G7 en Francia, Trump reavivó una disputa con la primera ministra de Italia, Giorgia Meloni. El mandatario estadounidense afirmó que Meloni le había "suplicado" una fotografía, acusación que ella negó rotundamente. La tensión escaló hasta el punto de que Trump sugirió públicamente que la líder italiana podría necesitar una "orden de alejamiento" contra él.
En el ámbito militar, la confusión persiste. Mientras se mantiene la decisión de retirar 5.000 soldados de Alemania, Trump ha enviado 5.000 tropas a Polonia. Estas medidas han sido vistas con preocupación por líderes como el canciller Friedrich Merz, quien sugirió que Estados Unidos estaba siendo "humillado" en su guerra con Irán, lo que llevó a la administración estadounidense a justificar la revisión de su postura militar.
Por su parte, Mark Rutte ha intentado mitigar la hostilidad mediante el uso de datos que demuestran el incremento del gasto en defensa por parte de Europa, atribuyendo este avance a la presión ejercida por el propio Trump. Aunque Rutte ha logrado resultados positivos en el pasado, muchos funcionarios europeos temen que el actual mal humor del presidente dificulte un desenlace pacífico en Ankara.
Finalmente, la situación de Ucrania añade otra capa de complejidad. El presidente Volodymyr Zelensky asistirá a una cena con los líderes, aunque no participará en las reuniones oficiales de la cumbre. Zelensky mantendrá una reunión individual con Trump, quien se ha mostrado impresionado por la capacidad de Ucrania para resistir al adversario ruso. Para intentar apaciguar al líder estadounidense y demostrar su compromiso financiero con el conflicto, las naciones europeas planean comprometer decenas de miles de millones de euros en apoyo militar a Kyiv.

