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El Alzheimer progresa de forma distinta según la edad de inicio: revelan nuevos patrones de la proteína tau

Científicos suecos hallaron patrones divergentes en la distribución cerebral de esta sustancia y distintas señales biológicas entre los subtipos, abriendo caminos para evaluar la enfermedad desde nuevas perspectivas clínicas

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El Alzheimer progresa de forma distinta según la edad de inicio: revelan nuevos patrones de la proteína tau
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Investigadores del Instituto Karolinska han descubierto que el Alzheimer evoluciona de manera distinta según la edad de inicio. Mientras que en los casos tempranos la proteína tau se expande rápidamente por gran parte del cerebro, en los diagnósticos tardíos su acumulación es mucho más limitada y localizada. El estudio revela que los análisis de sangre detectan la anomalía pero no pueden mapear su avance real. En cambio, la tomografía PET permite visualizar la ubicación exacta de la proteína y se vincula más estrechamente con el deterioro cognitivo, siendo la herramienta clave para monitorizar la eficacia de nuevos tratamientos. Los científicos concluyen que para un diagnóstico preciso es fundamental combinar biomarcadores sanguíneos con imágenes cerebrales, permitiendo así una comprensión completa de la heterogeneidad de la enfermedad y una mejor clasificación de la gravedad de cada paciente.

La demencia se ha consolidado como uno de los desafíos sanitarios más críticos asociados al envejecimiento poblacional, afectando actualmente a millones de personas en todo el mundo. Según estimaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), aproximadamente 57 millones de personas conviven con esta condición, registrándose cerca de 10 millones de nuevos casos cada año. Dentro de este panorama, la enfermedad de Alzheimer es la variante más frecuente, representando entre el 60% y el 70% del total de los diagnósticos.

Ante este incremento, la comunidad científica ha intensificado sus esfuerzos por describir con mayor precisión la progresión de la patología dentro del cerebro. Los investigadores han observado que los cuadros clínicos no evolucionan de manera uniforme: mientras que en algunos pacientes los cambios cerebrales aparecen prematuramente y se expanden por diversas regiones, en otros permanecen concentrados en áreas mucho más acotadas.

En este marco, un equipo de científicos suecos ha logrado identificar patrones diferenciados de acumulación de la proteína tau, dependiendo de si el Alzheimer es de inicio temprano —cuando se manifiesta antes de los 65 años— o de inicio tardío. El hallazgo, impulsado por el Karolinska Institutet y publicado en la revista European Journal of Nuclear Medicine and Molecular Imaging, sugiere que los análisis de sangre no siempre reflejan con exactitud la realidad de lo que sucede en el interior del cerebro.

La investigación reveló que, en los casos de Alzheimer de inicio temprano, la proteína tau tiende a expandirse de forma más amplia, incluso durante las etapas iniciales de la enfermedad. Por el contrario, en los pacientes con inicio tardío, la distribución de esta proteína suele ser más limitada. Paralelamente, el estudio analizó el biomarcador sanguíneo p-tau217, observando que sus niveles aumentan a medida que la enfermedad se agrava, aunque este incremento no siempre coincidió con la cantidad de tau detectada mediante imágenes cerebrales.

Para ilustrar esta diferencia, los investigadores proponen que el análisis de sangre actúa como un indicador general de que existe una anomalía, pero no es capaz de proporcionar el "mapa" completo sobre dónde y cuánto ha avanzado el problema. Ese mapa detallado es el que aporta la técnica de imágenes, que permite visualizar la ubicación exacta de la proteína tau en el cerebro.

De acuerdo con los datos del Karolinska Institutet, en personas con deterioro cognitivo leve, la proteína se acumula tempranamente en los lóbulos temporales. Específicamente, los pacientes con deterioro cognitivo leve amiloide positivo mostraron una señal más elevada en zonas vinculadas a las emociones y la memoria, tales como el hipocampo, la corteza entorrinal y la amígdala, extendiéndose hacia las regiones temporales inferiores.

Cuando la patología alcanza la etapa de demencia, las diferencias entre los subtipos de Alzheimer se vuelven más evidentes. Los pacientes con inicio temprano presentaron una mayor extensión de la proteína tau hacia la neocorteza, afectando especialmente las áreas frontales y temporoparietales. En contraste, aquellos con inicio tardío mantuvieron una señal más concentrada en las regiones temporales. El estudio también destacó que no todos los pacientes siguen el mismo recorrido; algunos casos de inicio temprano ya mostraban una carga avanzada de tau en la neocorteza incluso en la fase de deterioro cognitivo leve, algo menos común en el inicio tardío.

El estudio se llevó a cabo con 57 participantes en Suecia. De este grupo, 39 eran pacientes con Alzheimer o deterioro cognitivo leve atendidos en el Karolinska University Hospital de Estocolmo, mientras que 18 personas sanas actuaron como grupo de control. Todos fueron sometidos a resonancias magnéticas, pruebas cognitivas, mediciones sanguíneas del biomarcador p-tau217 y tomografías por emisión de positrones (PET) para la detección de tau. Para garantizar una muestra homogénea, los autores excluyeron a 10 pacientes con deterioro cognitivo leve amiloide negativo.

Si bien los análisis de sangre registraron parte de la progresión —siendo los niveles de p-tau217 más altos en pacientes que en controles sanos—, la señal no siempre fue coherente con la acumulación cerebral. Algunos pacientes de inicio tardío mostraron niveles elevados de p-tau217 en sangre a pesar de tener una acumulación de tau limitada en el cerebro. Agneta Nordberg, profesora del Karolinska Institutet, señaló que los biomarcadores sanguíneos captan ciertos aspectos de la enfermedad, pero no el cuadro completo de su propagación.

Esta discrepancia fue especialmente notable en la neocorteza, donde personas con valores plasmáticos similares presentaban cargas de tau muy distintas en la tomografía PET, particularmente en la corteza parietal de pacientes con inicio tardío. La correlación fue más fuerte en zonas afectadas tempranamente, como el hipocampo y la amígdala (con un valor de hasta 0,81), pero fue menor en las cortezas temporales y parietales.

Finalmente, los autores destacaron que la imagen cerebral se vinculó de manera más estrecha con el deterioro cognitivo que el marcador sanguíneo. Por ello, el Karolinska Institutet sostiene que la tomografía PET para tau podría ser un mejor marcador para seguir tratamientos que busquen modificar la enfermedad, así como para clasificar la gravedad de los pacientes. Los investigadores sugieren que combinar imágenes, líquido cefalorraquídeo y biomarcadores sanguíneos permitiría una visión más completa de la heterogeneidad del Alzheimer, aunque advirtieron que el tamaño modesto de la muestra y la falta de seguimiento temporal obligan a validar estos patrones en estudios más amplios.

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