La selección mexicana de fútbol llegó este domingo al esperado quinto partido del Mundial 2026 envuelta en una atmósfera de esperanza. Entre la afición, el mantra “¿Y si sí?” se repetía constantemente, alimentando el sueño de alcanzar, por primera vez, la gloria de un título mundialista. Sin embargo, la ilusión terminó abruptamente cuando el equipo tricolor cayó 3-2 ante Inglaterra en el último encuentro disputado en el Estadio Azteca, el Coloso de Santa Úrsula.
México, que comparte la coorganización del torneo con Estados Unidos y Canadá, cierra así su participación en suelo nacional. Aunque el recinto es reconocido por albergar momentos legendarios como el “Partido del Siglo”, la “mano de Dios” y los campeonatos de Pelé y Maradona en 1970 y 1986, el balón dejará de rodar en esta sede, a pesar de que algunos consideran que sería el lugar ideal para la gran final.
La derrota dejó un sentimiento agridulce en los asistentes. Fernando, un aficionado de Monterrey que asistió a todos los juegos vistiendo un traje sastre verde y sombrero ranchero, comentó a CNN en Español que el país demostró ser la mejor sede, lamentando que la Copa del Mundo termine para México. Por su parte, Jesús y Lucía, habitantes de la Ciudad de México, destacaron la importancia de vivir el ambiente mundialista; Lucía llevó a sus hijos, Alberto y Andrea, para que tuvieran recuerdos similares a los que ella vivió en 1986, subrayando que la pasión del fútbol permanece intacta a través de las décadas.
Para Ernesto, originario de Acatlán de Osorio, Puebla, la principal diferencia entre el Mundial de 1986 y el actual es la transición de lo analógico a lo digital, aunque la alegría sigue siendo la misma. Ernesto recordó haber visitado el Azteca hace 40 años para ver a Inglaterra caer ante Argentina y Maradona. Para muchos, el hecho de que México lograra jugar como local hasta el último partido calendarizado en el país ya suena como algo histórico, especialmente tras la dura eliminación en la fase de grupos de Qatar 2022.
El camino de los dirigidos por Javier Aguirre había sido impecable hasta este punto: tres victorias y nueve puntos en fase de grupos sin recibir goles, seguidos de un triunfo ante Ecuador en dieciseisavos de final que rompió una maldición previa. Esta racha, sumada a celebraciones masivas en el Ángel de la Independencia y videos en redes sociales musicalizados con temas de José Alfredo Jiménez, Juan Gabriel, Banda MS y Caifanes, elevó las expectativas frente a Inglaterra, uno de los favoritos al título.
El encuentro comenzó con un fuerte respaldo de la localía, con abucheos al rival y cánticos de “dale, dale, dale, México”. No obstante, la lluvia retrasó el inicio del partido una hora y el ánimo decayó cuando Jude Bellingham anotó dos goles rápidos, a los 36 y 38 minutos. Ante la adversidad, la grada respondió con el grito de “¡Sí se puede!”, lo que impulsó al equipo. Julián Quiñones, figura del conjunto tricolor, anotó el primer gol mexicano, desatando una celebración eufórica en las tribunas.
Durante el entretiempo, el ambiente fue animado por la presencia de Jaime Camil y Saúl “Canelo” Álvarez, quien instó a la nación a recordar su grandeza. Además, la banda Maná interpretó una versión rockera de “El Rey”, canción que se había vuelto emblemática tras el triunfo ante Ecuador y que también fue centro de una disputa digital previa entre su vocalista, Fher, y el cantante Liam Gallagher.
La segunda mitad estuvo marcada por la tensión y el VAR. Al minuto 53, Jarell Quansah fue expulsado, lo que generó un gran festejo local. Sin embargo, la alegría duró poco: Raúl Rangel cometió una falta que derivó en un penal anotado por Harry Kane, poniendo el marcador 3-1. Minutos después, una llegada de Kane sobre Bryan Gutiérrez provocó un penal a favor de México, que fue convertido por Jiménez, reduciendo la diferencia a 3-2.
A pesar de los esfuerzos finales y de 11 minutos de tiempo añadido, México no logró el gol del empate. El domingo 5 de julio de 2026, la respuesta al mantra “¿Y si sí?” fue un rotundo no. Mientras los aficionados mexicanos abandonaban el estadio con incredulidad, los ingleses celebraban con los temas “Three Lions” y “Wonderwall” de Oasis.
El cierre del torneo en México terminó con escenas contrastantes: desde el llanto de los niños hasta la camaradería en la estación del Metro Tasqueña, donde mexicanos y británicos brindaron con cerveza y tequila. Aunque la fiesta local ha terminado, la afición ya comienza a mirar hacia el 2030 con la esperanza de volver a soñar.


