El destino político del Partido Nacional de Honduras parece estar atado a la Casa Blanca. Bajo lo que se define como una "Trump-dependencia", el partido ha vinculado su supervivencia al respaldo de Donald Trump, quien intervino apoyando a Asfura e indultando a Juan Orlando Hernández.
Pero este escudo internacional es frágil. Si Trump pierde las elecciones intermedias de Estados Unidos en noviembre de 2026, el Partido Nacional podría quedar vulnerable. Sin el apoyo estratégico de Washington, sus líderes enfrentarían presiones internacionales y la reactivación de expedientes por corrupción en tribunales hondureños.
En este escenario emerge un complejo "triunvirato" compuesto por Asfura, Juan Orlando Hernández y el presidente del Congreso, Tommy. Se describe una lucha interna donde el ego y la ambición chocan. Mientras Tommy busca evitar la fragmentación interna y posibles procesos judiciales, el regreso de JOH al imaginario nacionalista genera tensiones profundas. El Congreso, lejos de ser un trampolín político, podría convertirse en un campo de batalla legal.
Sin embargo, existe un factor determinante: la realidad social. Mientras los líderes disputan el control del partido, la población sufre el alto costo de los alimentos, la energía y el combustible. Para el ciudadano de a pie, las disputas internas de las "gallinas azules" son irrelevantes frente a la crisis económica y la dificultad de llenar la lonchera de sus hijos.
El rumbo del Partido Nacional dependerá de los resultados electorales en el norte y de si logran superar sus divisiones internas antes de que el respaldo externo desaparezca, dejando a sus generales aislados y expuestos.
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