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Niebla mental en la menopausia: por qué ocurre y cómo diferenciarla de la demencia

Entre el 40 y el 60% de las mujeres en esta etapa presenta dificultades para encontrar palabras o sostener la atención. “Muchas veces el problema no es la memoria, sino que el cerebro tiene menos recursos disponibles para codificar la información”, dijo una especialista a Infobae. Cuándo preocuparse

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Niebla mental en la menopausia: por qué ocurre y cómo diferenciarla de la demencia
Puntos clave

La niebla mental es un síntoma cognitivo que afecta a entre el 40 y 60 por ciento de las mujeres durante la transición a la menopausia. Se manifiesta como dificultad para concentrarse, olvidos recientes y pérdida del hilo en las conversaciones, alteraciones causadas por la fluctuación de estrógenos y no por el envejecimiento o demencias. Estos cambios son generalmente leves, transitorios y no afectan la autonomía profesional ni personal. Para mitigar estos efectos, los especialistas recomiendan evitar la multitarea, utilizar herramientas de apoyo como agendas y priorizar hábitos saludables como el ejercicio, el sueño reparador y el control cardiovascular. Más que un declive, este proceso es definido como una segunda pubertad del cerebro, una etapa de reorganización biológica que requiere nuevas herramientas para mantener la eficiencia mental.

Para una gran cantidad de mujeres, los primeros indicios de la menopausia no se presentan necesariamente a través de síntomas físicos evidentes o la irregularidad del ciclo menstrual. En muchos casos, el proceso comienza con una sensación de dispersión, la pérdida del hilo conductor en una conversación, una mayor dificultad para encontrar palabras precisas o la incapacidad de sostener tareas que anteriormente resultaban cotidianas y sencillas.

Este fenómeno, conocido técnicamente como "niebla mental", es uno de los síntomas cognitivos más recurrentes durante la transición menopáusica. Según explicó la licenciada en Psicología Carolina Zeballos, miembro del Departamento de Neuropsicología de INECO, entre el 40% y el 60% de las mujeres refieren dificultades para mantener la atención, recordar información reciente, encontrar palabras o realizar múltiples tareas de manera simultánea.

La doctora Gladys Fernández, jefa de la Sección Endocrinología Ginecológica y Climaterio del Hospital de Clínicas de la UBA, define la niebla mental como un conjunto de síntomas cognitivos experimentados durante esta etapa de transición. Por su parte, la doctora Yasmin Mehanna, médica tocoginecóloga de la misma institución, detalla que este periodo fisiológico comienza con irregularidades menstruales en la transición temprana y continúa con salteos en la transición tardía, hasta alcanzar la menopausia definitiva.

Un punto fundamental es que estos olvidos y la falta de concentración no se deben simplemente al proceso de envejecimiento. La doctora Mehanna sostiene que diversas investigaciones científicas demuestran que estas alteraciones están relacionadas con las fluctuaciones hormonales, específicamente con la disminución de los niveles de estrógenos durante la transición tardía y los primeros años posteriores a la última menstruación.

A pesar de la preocupación que generan, la licenciada Zeballos aclara que, en la mayoría de los casos, este síntoma se vive como un cambio subjetivo y leve. La mujer puede notar que le cuesta más esfuerzo realizar ciertas actividades, pero mantiene su capacidad para desempeñarse profesionalmente, administrar su hogar y conservar su autonomía. La doctora Fernández precisa que se trata de alteraciones leves de la memoria y la atención, que suelen mejorar o desaparecer una vez alcanzada la postmenopausia, generalmente dos años después de la última menstruación, cuando los niveles hormonales se estabilizan.

Existe, sin embargo, una tendencia a confundir estos síntomas con cuadros de ansiedad, depresión o incluso el inicio de una demencia. Al respecto, las especialistas del Hospital de Clínicas enfatizan que la gran mayoría de las mujeres con niebla mental no desarrollarán la enfermedad de Alzheimer ni otros tipos de demencia. La diferencia clínica radica en que las alteraciones menopáusicas son leves y transitorias, mientras que las demencias presentan un deterioro progresivo que interfiere directamente con la autonomía y las actividades diarias.

La doctora Laura Maffei, médica endocrinóloga, advierte que la menopausia sigue siendo un tema tabú, erróneamente asociado con la pérdida de vitalidad. Maffei subraya que la disminución de las hormonas sexuales aumenta la sensibilidad a la respuesta al estrés, y que el estrés crónico puede, a su vez, agravar los síntomas o incluso adelantar la llegada de la menopausia.

Desde la neuropsicología, la licenciada Zeballos sugiere no intentar "forzar" la memoria, sino optimizar la eficiencia del cerebro. Entre las herramientas recomendadas se encuentra la reducción de la multitarea, ya que el cerebro en esta etapa responde mejor al enfocarse en una sola tarea a la vez. Asimismo, aconseja externalizar la memoria mediante el uso de agendas, calendarios digitales y listas, además de asociar información nueva con conceptos conocidos y disminuir las interrupciones.

Sobre el tratamiento, Zeballos es clara al señalar que la terapia hormonal no debe indicarse con el objetivo principal de mejorar la memoria o prevenir la demencia, ya que estudios como el Women’s Health Initiative Memory Study (WHIMS) no han demostrado beneficios consistentes en el rendimiento cognitivo de mujeres sanas y, en algunos casos, se ha asociado con un mayor riesgo de demencia en mujeres de 65 años o más. No obstante, reconoce que algunas mujeres experimentan una mejoría indirecta en la concentración al reducirse los sofocos y mejorar la calidad del sueño y la fatiga.

Para proteger la salud cerebral, las especialistas recomiendan intervenciones con mayor respaldo científico: realizar actividad física regular, mantener una dieta saludable, asegurar un sueño reparador, evitar el consumo de alcohol y tabaco, y fomentar la estimulación cognitiva. Además, las médicas del Hospital de Clínicas recalcan la importancia de controlar la presión arterial, la glucemia y el perfil lipídico, bajo la premisa de que "la salud del corazón es la salud del cerebro".

Finalmente, la licenciada Zeballos propone ver este proceso como una "segunda pubertad del cerebro", una transición biológica donde el cerebro se reorganiza neurobiológicamente. El objetivo no es esperar que el cerebro funcione igual que a los 35 años, sino descubrir cómo funciona hoy y brindarle las herramientas necesarias para operar con eficiencia.

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