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Feminicidios en República Dominicana: Propone transformar el currículo educativo desde la perspectiva de género

El incremento de los feminicidios en la República Dominicana constituye un síntoma social, cultural, educativo y ético. En los primeros meses de 2026, el país volvió a ser estremecido por cifras que obligan a pensar que el aumento de las estadísticas, dolorosamente, no habla únicamente de mujeres muertas; habla de familias destruidas, infancias heridas

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Feminicidios en República Dominicana: Propone transformar el currículo educativo desde la perspectiva de género
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El alarmante aumento de feminicidios en la República Dominicana evidencia una crisis social profunda basada en la desigualdad y el control. Ante este escenario, surge la propuesta de transformar el currículo educativo mediante una perspectiva de género que no sea cosmética, sino que ataque las raíces culturales de la violencia para desarticular las estructuras de poder. Esta reforma plantea un activismo teórico que revise críticamente la historia de la filosofía, cuestionando los discursos sexistas y androcéntricos que han moldeado el saber humano. Al politizar la esfera privada y analizar las dinámicas de dominación doméstica, se busca construir una ética de la libertad que promueva relaciones equitativas y una convivencia basada en el respeto y la igualdad.

El incremento de los feminicidios en la República Dominicana durante los primeros meses de 2026 ha encendido las alarmas sobre la situación social del país. Según el análisis de Lusitania Martínez, este fenómeno no representa un hecho aislado, sino que constituye un síntoma complejo que abarca dimensiones sociales, culturales, educativas y éticas. Las estadísticas actuales revelan que el impacto de estas muertes trasciende a las víctimas directas, provocando la destrucción de familias y dejando profundas heridas en las infancias.

Esta realidad pone de manifiesto que la convivencia social en el país continúa atravesada por relaciones de poder, control y desigualdad. Ante este escenario, se plantea que la respuesta no puede ser únicamente punitiva o superficial, sino que debe atacar las raíces culturales a través de la educación. En este sentido, surge la propuesta de transformar el currículo educativo bajo una perspectiva de género, entendiendo que la educación es una herramienta fundamental para desarticular las estructuras de violencia.

Sin embargo, se advierte que dicha transformación curricular no debe limitarse a acciones cosméticas, como la simple adición de nombres de mujeres en los programas de estudio o la corrección de ausencias en las bibliografías. Si bien estas medidas son necesarias, resultan insuficientes por sí solas. El verdadero desafío radica en realizar un examen crítico de los discursos que han organizado el saber humano durante siglos, basándose en supuestos sexistas, androcéntricos o misóginos.

En el ámbito específico de la filosofía, esta revisión implica ir más allá de las teorías abstractas. Se propone analizar la relación entre las ideas de los filósofos y sus concepciones reales sobre las mujeres, la familia, el amor, el cuerpo, la ciudadanía y la gestión de la vida privada. Este ejercicio no busca debilitar la disciplina filosófica, sino fortalecerla, haciéndola más consciente de aquellos aspectos que fueron deliberadamente excluidos de su campo de atención durante mucho tiempo.

La implementación de este enfoque busca generar salidas empáticas hacia la humanidad, promoviendo la igualdad, el respeto y una convivencia basada en el amor. Al pensar críticamente a los filósofos, se pueden reconocer sus aportes intelectuales, pero también interrogar sus límites históricos, sus silencios y sus contradicciones. De esta manera, el estudio del sexismo y la misoginia en la historia de la filosofía se convierte en una forma de activismo teórico.

Este activismo intelectual no se plantea como una denuncia superficial, sino como un trabajo arduo orientado a la construcción de una ética de la ayuda a la libertad. El objetivo final es fomentar relaciones menos jerárquicas y menos violentas entre hombres y mujeres, transformando la actividad política y social desde la base del conocimiento.

Un punto central de esta propuesta es la revisión de la denominada vida privada. Históricamente, la esfera doméstica fue considerada un espacio menor, ajeno a la ciencia, la política y la filosofía. No obstante, el pensamiento feminista ha demostrado que en el ámbito privado es donde se producen algunas de las formas más persistentes de dominación. Entre ellas se destacan la doble moral sexual, la distribución desigual de las tareas de cuidado, la obediencia exigida a las mujeres, el control del cuerpo, la maternidad obligada y la violencia íntima.

La premisa de que lo personal es político ha permitido que estas experiencias, antes silenciadas o minimizadas como asuntos domésticos, se conviertan en objetos legítimos de reflexión ética, jurídica, científica y teórica. Este análisis es fundamental para comprender cómo la exclusión de las mujeres de los espacios de poder comienza en la organización del hogar.

Asimismo, se sostiene que este análisis crítico no debe dirigirse exclusivamente contra los autores de discursos abiertamente sexistas. También es pertinente examinar a aquellos pensadores que defendieron ideas igualitarias o favorables a las mujeres, evaluando la coherencia y las tensiones de sus planteamientos. Figuras como Benito Jerónimo Feijoo, François Poullain de la Barre y John Stuart Mill son ejemplos de autores que, dentro de sus contextos, abrieron caminos contra la inferiorización moral, política e intelectual de la mujer.

La experiencia docente de Lusitania Martínez respalda esta visión, habiendo aplicado esta perspectiva crítica al análisis de autores y autoras diversos, tales como Foucault, Virginia Woolf, Simone de Beauvoir y Abigail Mejía, entre otros. Esta práctica confirma que la crítica feminista no solo sirve para denunciar el sexismo explícito, sino también para rescatar tradiciones filosóficas que contribuyeron a pensar la igualdad. A pesar de ello, se reconoce que la lista de pensadores atravesados por prejuicios sexistas es considerablemente más extensa debido a razones históricas, culturales y epistemológicas.

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