El Dicasterio para la Doctrina de la Fe ha emitido un decreto pontificio mediante el cual se proclama la excomunión latae sententiae, reservada a la Sede Apostólica, de cuatro miembros de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X. La medida fue anunciada este jueves por el cardenal argentino Manuel Fernández, quien se desempeña como ministro del Papa en dicho organismo, apenas veinticuatro horas después de que se llevaran a cabo las consagraciones episcopales en Ecône, Suiza, sede principal de la Fraternidad.
El documento oficial, firmado por el cardenal Fernández y dos secretarios del Dicasterio, fundamenta la sanción en que los implicados cometieron un "acto de naturaleza cismática". Según el texto, la falta consiste en la consagración de cuatro presbíteros sin contar con un mandato específico y actuando en contra de la voluntad del Sumo Pontífice. Los cuatro nuevos obispos cismáticos han sido identificados como Pascal Schreiber, Michael Goldade, Michel Poinsine de Divry y Marc Hnaookwe.
La sanción no solo alcanza a los recién consagrados, sino también a quienes oficiaron la ceremonia. Los obispos Alfonso de Galarreta y Bernard Fellay, quienes ya habían sido excomulgados hace 38 años junto a otros dos prelados hoy fallecidos, han sido castigados nuevamente por haber procedido a estas consagraciones sin el mandato pontificio requerido.
El alcance del decreto se extiende más allá de la jerarquía eclesiástica de la Fraternidad. El documento firmado por el cardenal Fernández señala explícitamente que los fieles laicos que mantienen su adhesión a la Fraternidad Sacerdotal San Pío X son considerados cismáticos y, por lo tanto, excomulgados. No obstante, el texto deja abierta una puerta a la reconciliación, afirmando que la Iglesia, en su rol de "madre premurosa", recibiría con "sincero afecto y viva solicitud" a cualquier persona que desee regresar a la plena comunión. Para facilitar este proceso, se ha indicado que los nuncios apostólicos, embajadores del Papa, coordinarán los procedimientos que los ordinarios locales podrán aplicar según cada caso.
Asimismo, la Santa Sede ha exhortado a todos los fieles a permanecer en comunión con el Romano Pontífice, con los obispos que estén en comunión con él y con la Iglesia en su totalidad. De manera tajante, se les pide abstenerse de participar en cualquier celebración o actividad promovida por la Fraternidad.
Este enfrentamiento consolida a la Fraternidad San Pío X como el grupo ultraconservador de mayor peso en el mundo católico que se opone al pontífice. El grupo ha repetido el patrón de ordenar obispos cismáticos en dos ocasiones con un intervalo de 38 años. El núcleo de la disputa radica en la liturgia, específicamente en la celebración de la misa. Durante cinco siglos, desde 1570, rigió la misa tridentina y el Misal Romano bajo las disposiciones del Concilio de Trento, caracterizada por celebrarse rigurosamente en latín y con el sacerdote dando la espalda a los fieles.
Los sectores tradicionalistas exigen el retorno a las celebraciones mirando hacia Oriente y rechazan las innovaciones introducidas por el Concilio Vaticano II, las cuales permitieron ritos basados en costumbres locales y el uso de idiomas vernáculos en lugar del latín, además de la integración de música sacra, coros polifónicos y canto gregoriano en la forma tradicional. Aunque el Papa Pablo VI aprobó la misa Novus Ordo en 1969 y la Iglesia reconoce la validez de ambas formas, el Novus Ordo se ha convertido en la norma global.
Desde el servicio de noticias vaticanas, Andrea Tornielli advirtió que la fractura consumada el 1 de julio conlleva consecuencias graves. Se señaló que los sacerdotes de la Fraternidad administran los sacramentos de manera ilícita, y específicamente, que el sacramento del matrimonio y el de la penitencia administrados por ellos a sus asistidos son inválidos.
La tensión actual es la culminación de una historia conflictiva entre Roma y la Fraternidad, que incluye negociaciones fallidas y acuerdos doctrinales con el arzobispo Lefebvre que nunca prosperaron. A pesar de que el Papa intentó detener las ordenaciones anunciadas para el 1 de julio, solicitando la suspensión de nuevas ordenaciones sacerdotales para abrir un espacio de diálogo, la Fraternidad mantuvo su decisión.
Finalmente, el Papa León XIV, desde su residencia veraniega en Castel Gandolfo, manifestó su postura ante la prensa. El pontífice lamentó la división, pero subrayó que la Fraternidad rechaza elementos fundamentales de la Iglesia condenados por el Concilio Vaticano II. "Si hacen esta elección, lo lamento, pero nosotros tenemos que ir adelante", sentenció el Papa, reafirmando su autoridad frente a la intransigencia del grupo lefebvriano.


