El panorama del fútbol mundial en el año 2026 tiene un nombre que resuena con fuerza en las canchas: Julián Quiñones. El delantero, quien actualmente se ha consolidado como una de las grandes figuras de la Selección de México en la Copa Mundial de la FIFA 2026™, ha dejado una huella imborrable, convirtiéndose en uno de los máximos goleadores del conjunto mexicano en la historia de los mundiales. Recientemente, su impacto fue evidente al anotar el gol del 1-0 frente a Ecuador en los dieciseisavos de final, un resultado que reafirma su estado de gracia en el torneo. Sin embargo, detrás de este éxito internacional se esconde una historia de superación que comenzó en Magüí Payán, Nariño, y pasó por las canchas de Cali.
La trayectoria de Quiñones hacia la cúspide del fútbol no fue sencilla ni estuvo exenta de carencias. Antes de vestir la camiseta de México y brillar en el escenario más importante del deporte, el atacante tuvo que formarse en el equipo caleño Fútbol Paz. Los recuerdos de sus inicios contrastan drásticamente con su realidad actual. Según relató el entrenador caleño Luis Eduardo Gómez, quien fue uno de los formadores clave en su desarrollo, Quiñones llegó a la ciudad de Cali con escasos recursos. El joven arribó solo, vistiendo ropa inadecuada y utilizando unos guayos que se encontraban bastante desgastados. A pesar de estas limitaciones materiales, su talento natural fue el motor que permitió que sus circunstancias económicas pasaran a un segundo plano.
El proceso de descubrimiento de Quiñones ocurrió bajo la dirección de Lucho Gómez, quien acababa de integrarse a Fútbol Paz. El dueño del equipo, don César Valencia, le dio la instrucción de evaluar a un joven que venía de Armenia, procedente del equipo Fair Play. El proceso de selección fue riguroso, ya que Quiñones tuvo que someterse a pruebas junto a otros 70 jugadores. El impacto del nariñense fue inmediato y fulminante: en el primer partido de las pruebas, marcó cuatro goles. Esta exhibición de capacidad goleadora sorprendió profundamente al cuerpo técnico, llevándolos a concluir que él era el jugador que estaban buscando.
En aquel momento, el profesor Gómez contaba con un grupo de 25 jugadores, pero decidió reducir la plantilla a solo 10 personas, descartando a quienes no estaban al nivel requerido. En este contexto, Julián Quiñones emergió como la denominada "joya de la corona" del proceso. El talento del joven fue tan evidente que don César Valencia, el propietario de Fútbol Paz, se reunió rápidamente con el entrenador para tomar una decisión crucial sobre su adquisición.
La transacción no fue sencilla debido a la cifra económica involucrada. El equipo Fair Play, de Armenia, solicitaba una suma de 20 millones de pesos para liberar el pase del artillero. Para el año 2014, esta cantidad representaba una cifra muy elevada para un jugador amateur, lo que generó una presión considerable sobre el entrenador Luis Eduardo Gómez. El estratega recordó que se sintió perplejo ante la pregunta del dueño sobre si debía comprar al jugador o no. Tras analizar la situación en cuestión de segundos, y recordando la escena con humor, Gómez decidió darle el visto bueno a la compra, razonando que, al final, el dinero no salía de su propio bolsillo.
Una vez integrado formalmente a Fútbol Paz, la presencia de Quiñones fue determinante. Su paso por el torneo Nacional Sub-17 fue extraordinario, posicionándose como el goleador del certamen con una cifra superior a los 60 goles. Entre sus hazañas más destacadas en esta etapa, resalta un partido en el que logró anotar 17 goles en un solo encuentro.
Este rendimiento excepcional abrió las puertas del fútbol internacional. En 2014, Quiñones viajó a México durante dos semanas para realizar pruebas con el equipo Tigres de Monterrey. Su desempeño dejó una impresión grata en el cuadro "manito", lo que llevó al club a comprar su pase al equipo caleño. Finalmente, en enero de 2015, Julián Quiñones inició formalmente su carrera en Tigres, dando el salto definitivo que lo llevaría años más tarde a convertirse en el referente ofensivo de la Selección de México en el Mundial 2026.


