Venezuela se encuentra atravesando una situación crítica tras el doblete sísmico ocurrido el pasado 24 de junio de 2026. Según los reportes oficiales emitidos hasta el momento, este evento natural ha dejado un saldo devastador de aproximadamente dos mil personas fallecidas y más de 5 mil heridos. En el desglose de las cifras, algunos reportes específicos elevan la cifra de fallecidos a 1.719 personas, evidenciando la magnitud del impacto en las zonas afectadas. A esta tragedia humana se suma la devastación material, ya que la NASA estima que cerca de 59 mil edificios han resultado dañados a consecuencia de los sismos.
Ante este escenario de vulnerabilidad, ha surgido una ola de solidaridad en diversas regiones del país, destacando especialmente el estado Monagas. Este territorio se ha caracterizado por decir presente en eventos de dificultad, contribuyendo activamente en los diferentes escenarios de crisis. Un ejemplo tangible de esta movilización es la llegada de Krystal y Dylan, de diez y ocho años respectivamente, quienes son los primeros sobrevivientes del terremoto en arribar a tierras monaguenses.
La historia de los pequeños es el reflejo del trauma vivido por miles de familias. Krystal relató con nostalgia el momento exacto en que comenzó la tragedia. Según su testimonio, se encontraba en el apartamento junto a su hermano y su abuela, terminando de bañarse, cuando el suelo comenzó a moverse violentamente. La niña describió que su abuela se asustó y que tuvieron que salir corriendo rápidamente; en el caos del momento, su hermanito Dylan salió vistiendo únicamente sus bóxers. Lamentablemente, en medio de la evacuación apresurada, su gato quedó atrapado dentro de la vivienda.
Minutos después de que lograran salir, el apartamento propiedad de Gerlis Ledezma, la abuela de los niños, se vino abajo completamente, dejándolos sin todas sus pertenencias y sin un hogar donde refugiarse. Debido a que sus padres biológicos se encuentran gestionando sus viajes al extranjero, donde residen desde hace algún tiempo, los niños quedaron en una situación de extrema vulnerabilidad.
Para evitar que los menores tuvieran que permanecer en refugios temporales, un tío de los niños acudió en su búsqueda para brindarles protección y traslado. Mientras que Krystal y Dylan fueron trasladados a Monagas, su abuela, Gerlis Ledezma, decidió no realizar el viaje y permaneció en la zona de La Guaira junto a otros familiares cercanos.
A su llegada al estado Monagas, específicamente al Complejo Paramaconi, los niños fueron recibidos con la solidaridad característica de los residentes de la zona. Los habitantes del complejo se volcaron para brindarles apoyo inmediato, suministrándoles comida, ropa y atención médica, además de muestras de afecto y amor. El Complejo Paramaconi posee una carga emocional particular, ya que es una zona mayormente habilitada por sobrevivientes de la tragedia de Vargas ocurrida en 1999. Debido a este vínculo histórico, las calles del sector se encuentran actualmente en silencio y se guarda luto, pues muchas de las familias que residen allí tienen o tenían seres queridos en La Guaira.
La respuesta del estado Monagas ha trascendido la recepción de sobrevivientes. Se ha informado que la región envió un equipo forense especializado para apoyar las labores de recuperación y análisis tras el doblete sísmico. Asimismo, se han activado diversas jornadas de apoyo humanitario, incluyendo la donación de sangre y la donación de leche materna por parte de mujeres voluntarias para ayudar a los niños afectados por los sismos.
En cuanto a la logística de suministros, el centro de acopio de Tipuro ha logrado enviar ayuda directamente a la zona de Baruta. Además, se han activado 12 centros de acopio en el municipio Piar para canalizar las donaciones. Incluso el gremio de periodistas se ha sumado a las manifestaciones de apoyo, elevando oraciones por todas las personas afectadas por estos terremotos que han conmocionado al país.


