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El misterio detrás de la imagen más icónica de Maradona en el Mundial 1986

Diego Armando Maradona se lleva la pelota con el muslo derecho, atlético, hecho un toro. Un fotógrafo –ahora se sabe que fueron dos- captan ese momento y lo convierten en ícono.

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El misterio detrás de la imagen más icónica de Maradona en el Mundial 1986
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Una jugada intrascendente en la final del Mundial 1986 se convirtió en la imagen definitiva de Diego Armando Maradona. En el minuto 32 del segundo tiempo, un control orientado con el muslo derecho capturado en fotografía transformó un simple lance contra Alemania en un pilar de la iconografía futbolera mundial. Aunque la acción no cambió el resultado del partido, la potencia atlética de Maradona en esa foto trascendió el deporte. Lo que comenzó como un misterio sobre la autoría de la imagen terminó consolidándose como una metáfora visual del astro argentino, presente hoy en banderas y tatuajes de todo el planeta.

En el minuto 32 del segundo tiempo, exactamente en el segundo 50 de la final del Mundial 1986, ocurrió una secuencia que, aunque resultó intrascedente para el resultado inmediato del encuentro, terminó convirtiéndose en un pilar de la iconografía futbolera argentina. Diego Armando Maradona, en una condición física atlética y descrito como "hecho un toro", ejecutó un movimiento que quedaría congelado para siempre en la memoria visual del deporte.

La jugada se originó cuando Ruggeri cabeceó un balón desde el borde del área con tal vehemencia que la pelota aterrizó a la altura del mediocampo. En ese instante, Maradona apareció desde atrás con una velocidad comparable a la de un rayo, siendo perseguido por el defensor alemán Forster. Con una precisión técnica que hoy se definiría como un "control orientado", Diego acomodó la pelota utilizando su muslo derecho para iniciar una carrera directa hacia el arco defendido por Schumacher.

El despliegue de velocidad fue tal que resulta complejo contabilizar sus pasos; se estima que fueron entre seis y siete antes de que el jugador volviera a tocar el balón, esta vez empleando la cara interna de su pie izquierdo. Tras recorrer unos metros más, Maradona chocó contra Forster, lo que provocó que ambos cayeran al suelo, describiendo Diego una vuelta en el aire durante el impacto. A pesar de la fuerza del golpe, el árbitro Romualdo Arppi Filho decidió que no había sido falta, permitiendo que los alemanes reiniciaran el ataque desde su zona baja.

A pesar de que la acción no alteró el rumbo del partido, su valor reside en la captura fotográfica de aquel primer toque con el muslo derecho, ocurrido específicamente en el segundo 53 del minuto 32. Esta imagen se ha consolidado como la representación maradoniana por excelencia, aunque el origen de la fotografía ha estado envuelto en el misterio. Daniel Arcucci, biógrafo del astro argentino, ha relatado que durante años intentó descubrir la identidad del fotógrafo que gatilló la cámara en ese instante, sin obtener éxito, calificando la búsqueda como un "gran misterio".

Posteriormente, se reveló que no existió una sola placa, sino dos. A la imagen misteriosa se sumó la versión del fotógrafo japonés Masahide Tomikoshi, quien capturó la misma escena desde un ángulo diferente, ganando notoriedad en las redes sociales de Argentina.

En aquel momento, ninguno de los 114.600 espectadores presentes en el Estadio Azteca podía imaginar el valor futuro de esa jugada. El contexto del partido era de alta tensión: Argentina lideraba 2-1 y Alemania presionaba intensamente por el empate, objetivo que alcanzarían cinco minutos más tarde gracias a un cabezazo de Rudi Voller. El encuentro culminaría más tarde con el gol definitivo de Burruchaga para el 3-2, e incluiría otra imagen memorable de Maradona volando con los brazos levantados ante el cierre de Schumacher y Forster.

Con el paso de los años, aquel toque con el muslo adquirió un lugar de privilegio. No fue la relevancia táctica de la jugada lo que la elevó, sino lo que la figura atlética de Maradona representa en esa foto. La imagen funciona como una metáfora de su participación en el Mundial de 1986, presentándolo casi como una escultura. Actualmente, ese instante ha trascendido el papel y la pantalla para convertirse en banderas, calcomanías, tatuajes y fondos de pantalla, consolidándose como la imagen definitiva de Diego Armando Maradona.

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