La selección italiana de fútbol atraviesa actualmente la peor crisis de su historia. La tetracampeona del mundo ha quedado oficialmente fuera del Mundial 2026 tras caer en la final de la repesca ante Bosnia y Herzegovina, en un encuentro que terminó con un empate 1-1 en el tiempo reglamentario y una derrota por 4-1 en la tanda de penaltis. Este resultado marca la tercera ausencia consecutiva de la ‘azzurra’ en una Copa del Mundo, sumándose a las no clasificaciones para Rusia 2018 y Catar 2022.
La situación actual del equipo es crítica: no participa en un Mundial desde Brasil 2014 y no ha logrado superar una fase de grupos desde que se coronó campeona en el torneo de 2006. A diferencia de décadas pasadas, donde las derrotas generaban reacciones violentas, la sociedad italiana ha respondido a este nuevo fracaso con una mezcla de indignación y resignación. Este sentimiento es especialmente marcado en la generación joven, que hasta el momento no ha tenido la oportunidad de ver a su selección nacional competir en un Mundial.
Este escenario de declive conecta inevitablemente con otro momento oscuro del 'calcio', ocurrido hace sesenta años. En la actualidad, ante la profundidad de la crisis, parece que algunos incluso añoren aquella debacle en Inglaterra 1966, cuando la selección fue eliminada tras una derrota en la fase de grupos frente a la entonces desconocida selección de Corea del Norte, un episodio que en su momento provocó una lluvia de tomates contra el equipo.
En aquel julio de 1966, la selección dirigida por Edmondo Fabbri partía como favorita. El plantel contaba con figuras de la talla de Albertosi, Facchetti, Bulgarelli, Sandro Mazzola y Gianni Rivera. Italia llegó al tercer partido de su fase de grupos habiendo ganado el primer encuentro contra Chile y habiendo caído en el segundo ante la Unión Soviética, equipo donde destacaba el portero Lev Yashin. Para avanzar a los cuartos de final, la ‘azzurra’ solo necesitaba un empate frente al conjunto asiático.
Sin embargo, las aspiraciones italianas fueron frustradas por Pak Doo-ik, un delantero norcoreano que pasó a la historia del fútbol italiano. El tanto llegó en el minuto 42, justo antes del descanso, y fue suficiente para certificar una de las mayores sorpresas en la historia de los Mundiales. Corea del Norte, que debutaba en la competición, resistió todo el segundo tiempo ante una Italia que se mostró incapaz de reaccionar a pesar de la calidad individual de sus jugadores.
Un factor determinante en aquel encuentro fue la lesión de Bulgarelli. En esa época, las reglas del fútbol no permitían realizar sustituciones, lo que obligó a Italia a jugar gran parte del partido con diez futbolistas, complicando aún más su capacidad de respuesta ante la resistencia norcoreana. El partido se disputó en el estadio Ayresome Park de Birmingham, ante unos 17.000 espectadores, bajo el arbitraje del francés Pierre Schwinté.
La figura de Pak Doo-ik quedó marcada en el imaginario colectivo italiano bajo el apodo de ‘Il dentista’. Durante décadas, la versión más extendida en Italia sostenía que el futbolista compatibilizaba su carrera deportiva con el trabajo de odontólogo. No obstante, investigaciones posteriores revelaron que, en realidad, Pak Doo-ik trabajaba en una imprenta de Pionyang. A pesar de esta aclaración, el apodo permaneció como el símbolo de una derrota humillante ante un rival que los italianos consideraban amateur y muy inferior.
La prensa transalpina de 1966 calificó aquel resultado como "grotesco", una "vergüenza nacional" y proclamó que "el fútbol italiano ha muerto". Más de medio siglo después, el sentimiento parece repetirse. Aunque el contexto ha cambiado, el veredicto que resuena nuevamente en Italia es el mismo: «Tutti a casa».

