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De la UCI a una nueva vida: el testimonio de Ana Guerra contra la hipertensión intracraneal idiopática

La comunicadora de Cadena 100 narra, en Lo que viene, su calvario con la hipertensión intracraneal y cómo la confianza en su médico fue clave para...

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De la UCI a una nueva vida: el testimonio de Ana Guerra contra la hipertensión intracraneal idiopática
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Ana Guerra, reconocida comunicadora de Cadena 100, ha relatado su lucha contra la hipertensión intracraneal idiopática, una enfermedad infrecuente que la llevó al límite. Tras pasar 35 días ingresada, enfrentar una hemorragia interna en la UCI y arriesgarse a quedar ciega, la periodista fue sometida a una cirugía de urgencia para implantar una válvula de derivación intracraneal. El camino hacia la recuperación fue impulsado por una clave fundamental: la pérdida de peso. Siguiendo las indicaciones de su neuróloga, Guerra logró adelgazar 45 kilos mediante una determinación férrea, transformando una tragedia médica en un renacer personal. Actualmente, la comunicadora se ha reincorporado a su trabajo con una nueva perspectiva vital y una salud recuperada.

La trayectoria vital y profesional de Ana Guerra, reconocida comunicadora de Cadena 100, ha sufrido una transformación radical tras enfrentarse a un problema de salud extremadamente grave que puso su vida en una situación límite. En una reciente y emotiva entrevista concedida al programa 'Lo que viene', conducido por José Ángel Cuadrado, Guerra ha compartido los detalles de un complejo proceso médico derivado del diagnóstico de hipertensión intracraneal idiopática, una patología que la llevó a pasar 35 días ingresada en el hospital y a atravesar una fase crítica en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI).

El inicio de esta pesadilla comenzó de manera sutil durante un fin de semana. Ana Guerra empezó a experimentar una serie de síntomas que, en un principio, decidió ignorar o minimizar, atribuyéndolos al agotamiento y al estrés cotidiano. Entre las señales de alerta se encontraban dolores de cabeza intensos, vómitos y problemas de visión. "No le di mucha importancia, dije, 'bueno, estaré cansada'", relató la comunicadora durante la conversación. Sin embargo, el cuadro clínico empeoró progresivamente hasta que la intervención de su padre, quien es médico, resultó determinante. Fue él quien la instó a acudir urgentemente a las instalaciones sanitarias, donde finalmente fue diagnosticada en el Hospital Clínico San Carlos tras detectarse que su nervio óptico se encontraba "hiperinflamado".

Para arrojar luz sobre la naturaleza de esta dolencia, la neuróloga Nuria González García participó en la entrevista, explicando que la hipertensión intracraneal idiopática es una enfermedad "bastante infrecuente". Según la especialista, esta patología afecta predominantemente a mujeres en edad fértil que presentan obesidad. El mecanismo de la enfermedad consiste en un aumento anormal del líquido cefalorraquídeo que termina comprimiendo el cerebro. El riesgo más alarmante de este cuadro es la ceguera; de hecho, la doctora González advirtió que la enfermedad no tiene nada de benigna, señalando que, en algunas series clínicas, hasta un tercio de los pacientes pierden la visión.

El proceso de recuperación de Ana Guerra no estuvo exento de complicaciones severas. Durante la realización de una prueba diagnóstica, concretamente una venografía, se produjo una complicación grave que derivó en un aneurisma. Este incidente provocó una hemorragia interna de dos litros, un fallo renal y la necesidad inmediata de ser trasladada a la UCI, donde permaneció durante cuatro días. La comunicadora recordó la desorientación de aquel momento crítico: "Recuerdo estar en la habitación y de repente despertarme y: 'hola, estás en la UCI'".

Ante la gravedad de la situación y el riesgo inminente de pérdida de visión, la solución médica fue drástica: la implantación de una válvula de derivación intracraneal. Aunque inicialmente Ana Guerra mostró desconfianza ante tal intervención, la contundencia de su padre fue el factor decisivo. "Tienes dos opciones, Ana, o te pones la válvula o te quedas ciega", le advirtió. Ante la claridad de la alternativa, Guerra aceptó someterse a la cirugía.

El verdadero punto de inflexión en su recuperación ocurrió el 21 de enero de 2025, fecha en la que conoció a la doctora Nuria González. Para Ana, este encuentro fue fundamental por tres razones: el hecho de no tener que repetir su historia médica una vez más, el interés genuino de la doctora por su estado emocional —al preguntarle por primera vez "¿y tú cómo estás?"— y, fundamentalmente, una frase que cambiaría su destino: "Me cogió la mano y me dijo: 'Ana, tú si adelgazas, te curas'".

Estas palabras se convirtieron en el motor vital de la comunicadora. A pesar de sufrir secuelas físicas, como una movilidad reducida y persistentes problemas de visión, Ana decidió iniciar un régimen de ejercicio de manera inmediata. Con una determinación férrea, comenzó su recuperación en casa, relatando que salió al patio a dar patadas a un balón contra la pared con la convicción de que adelgazar era su camino hacia la curación. El esfuerzo dio sus frutos, logrando una pérdida de peso de 45 kilos y adquiriendo una nueva perspectiva sobre la vida.

Ana Guerra define hoy su experiencia como "lo peor y lo mejor que me ha pasado", valorando el aprendizaje y la nueva forma de apreciar su existencia. Por su parte, la doctora González destacó la importancia de la confianza mutua en la relación médico-paciente y describió a Ana como una persona "muy valiente" y "cabezota", asegurando que su determinación fue la clave del éxito conjunto. Asimismo, la neuróloga subrayó la necesidad de contar con equipos multidisciplinares para abordar enfermedades de tal complejidad.

Finalmente, la comunicadora expresó su gratitud hacia su empresa por facilitar una reincorporación progresiva a sus funciones laborales, un apoyo que ha sido fundamental para retomar su actividad profesional sintiéndose "mucho mejor y mucho más contenta".

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