En el marco del Mes Mundial del Lipedema, se ha puesto el foco en la necesidad urgente de visibilizar una enfermedad crónica que afecta mayoritariamente a las mujeres y que, durante décadas, ha sido erróneamente confundida con la obesidad o descartada como un simple problema estético. En este contexto, la medicina en Chile ha dado un paso significativo con la incorporación de la técnica WAL (Water Assisted Liposuction), uno de los avances más relevantes en el tratamiento quirúrgico de esta patología.
El lipedema se define como una enfermedad del tejido adiposo que provoca una acumulación anormal y progresiva de grasa, concentrándose principalmente en las extremidades inferiores y los brazos. Esta condición no se limita a un aumento de volumen, sino que conlleva una serie de síntomas debilitantes, entre los que destacan el dolor crónico, la inflamación, una persistente sensación de pesadez y la aparición frecuente de hematomas. Asimismo, los pacientes presentan una alta sensibilidad al tacto y desarrollan fibrosis, un endurecimiento del tejido que puede palparse y observarse clínicamente, otorgando a la grasa un aspecto nodular característico de la enfermedad.
Para abordar esta compleja condición, la Dra. María Elsa Calderón, cirujana plástica y directora de la Clínica Lipedema WAL Chile, se certificó en Alemania y España, países donde este procedimiento ha sido desarrollado y perfeccionado. El objetivo de su especialización fue traer al país una alternativa segura y efectiva, respaldada por evidencia científica, para mejorar la calidad de vida de las mujeres chilenas que padecen esta enfermedad.
La técnica WAL, o liposucción asistida por agua, representa una evolución respecto a los métodos tradicionales. Este procedimiento utiliza una cánula especializada que libera agua a una presión controlada, lo que permite separar cuidadosamente las células grasas del tejido circundante. Una vez separadas, la grasa es aspirada de forma simultánea, permitiendo una extracción mucho más selectiva y respetuosa con las estructuras sanas del cuerpo.
A diferencia de otras técnicas de liposucción más agresivas, la WAL se distingue por su capacidad de proteger estructuras fundamentales como los vasos sanguíneos, los nervios y, especialmente, los canales linfáticos, cuya preservación es crítica en pacientes con lipedema. Además, este método permite al cirujano evaluar con mayor precisión los resultados proyectados a largo plazo durante la misma intervención, optimizando así la planificación quirúrgica y los resultados funcionales.
Es fundamental subrayar que la cirugía WAL no tiene un fin meramente estético. Dado que el lipedema es una enfermedad progresiva que genera limitaciones funcionales y afecta profundamente la vida diaria, la cirugía busca reducir los síntomas físicos, mejorar la movilidad y contribuir al bienestar integral de la paciente. Según explica la Dra. Calderón, la decisión de capacitarse en Europa surgió al constatar que los resultados logrados con la técnica WAL representaban un cambio significativo para quienes sufren esta patología.
Sin embargo, la intervención quirúrgica no es la primera opción. Siguiendo las guías europeas para el tratamiento del lipedema, las candidatas a la cirugía deben haber pasado primero por un proceso de diagnóstico integral que descarte otras patologías asociadas y haber agotado los tratamientos conservadores. La cirugía se indica específicamente en pacientes con dolor persistente, fibrosis, inflamación crónica o un deterioro importante de su calidad de vida, siempre bajo una evaluación médica individualizada.
El éxito del tratamiento no termina en el quirófano; el proceso de recuperación es un pilar fundamental. Las pacientes son acompañadas por un equipo multidisciplinario que incluye fisioterapia especializada, drenaje linfático manual, terapia descongestiva, manejo del edema, enfermería especializada y el uso de prendas compresivas.
Para garantizar que este cuidado sea continuo, especialmente para aquellas pacientes que provienen de diversas regiones de Chile, la Clínica Lipedema WAL Chile ha implementado una coordinación centralizada liderada por la kinesióloga y directora Ledda Pérez. Este sistema permite que las pacientes, una vez regresen a sus ciudades, puedan continuar su rehabilitación con profesionales formados en los protocolos postquirúrgicos del equipo, asegurando una recuperación óptima y supervisada.
Los resultados de este enfoque integral se traducen en una reducción significativa del dolor, menor pesadez, mejora de la movilidad y una recuperación del bienestar físico y emocional. La disminución del volumen en las zonas afectadas no solo facilita las actividades cotidianas y la práctica deportiva, sino que impacta positivamente en la autoestima de las pacientes. La Dra. Calderón concluye que el tratamiento requiere una mirada integral donde la cirugía es una herramienta valiosa, pero el acompañamiento multidisciplinario es la clave para recuperar la salud y la funcionalidad.


