Europa se enfrenta a una situación climática crítica mientras una ola de calor implacable y mortal se extiende por el continente. Las previsiones indican que esta semana no solo se alcanzarán nuevas temperaturas máximas, sino que los récords existentes serán pulverizados. Expertos y científicos advierten que este fenómeno representa un grave problema para la región y constituye un llamado de atención urgente ante una nueva y peligrosa realidad ambiental.
El continente europeo se ha consolidado como la zona que se calienta más rápido en todo el planeta, registrando un ritmo de aumento de temperatura entre dos y tres veces superior al promedio mundial. A pesar de esta tendencia, la infraestructura europea se encuentra lamentablemente poco preparada. Las instalaciones no fueron diseñadas para soportar calores extremos, lo que provoca que, ante el aumento brusco de las temperaturas, las vías del tren se deformen, los cables eléctricos se rompan y las viviendas se transformen en trampas de calor, resultando en miles de muertes.
Esta crisis marca la segunda ola de calor que bate récords en dos meses consecutivos, evidenciando que el calor en Europa es ahora más severo y frecuente. Existe el potencial de que se rompan récords nacionales históricos incluso antes de llegar a julio, que es habitualmente el mes más caluroso del año. Ante este escenario, Hugh Montgomery, profesor de medicina de cuidados intensivos en University College London, ha sido tajante al afirmar que esto no es una "nueva normalidad", sino el inicio de una "catástrofe absoluta".
Francia se ha convertido en el epicentro de este fenómeno, registrando su día más caluroso desde que existen registros. Según cifras provisionales de Météo-France, la temperatura media nacional alcanzó los 29,8 °C, superando el récord anterior de 2019. En algunas localidades, los termómetros superaron los 43,9 °C. El impacto humano ha sido inmediato y devastador; el primer ministro francés, Sébastien Lecornu, informó que 40 personas se ahogaron desde el 18 de junio en relación con el aumento de las temperaturas. Asimismo, se reportó la muerte de tres personas mayores cerca de Burdeos y el fallecimiento de dos niños, de dos y cuatro años, hallados en un vehículo caliente en el sur del país.
En el Reino Unido, la situación es igualmente alarmante. Se prevé que las temperaturas superen los 37,8 °C esta semana, lo que llevó al Met Office a emitir una advertencia roja, un nivel poco frecuente que indica un riesgo directo para la vida. Como medida de mitigación, cientos de escuelas han cerrado o reducido sus jornadas, y se ha instado a la población a evitar los viajes en tren debido a los riesgos estructurales. El secretario general de la ONU, António Guterres, describió la situación de Londres como una ciudad que se está "cocinando". Es probable que el récord de junio de 35,6 °C sea superado por hasta 3,3 °C. Peter Thorne, director del ICARUS Climate Research Centre, calificó como una "locura absoluta" el hecho de borrar récords por varios grados de diferencia.
España también sufre los embates del clima, con temperaturas que superaron los 45 °C en Andújar, según la AEMET. Para el pasado martes, casi todo el territorio español se encontraba bajo alerta por calor. En total, 23 países europeos tenían alertas vigentes, con Alemania, Francia, España, Suiza y Luxemburgo en el nivel rojo, el más severo.
Científicamente, este fenómeno es causado por una "cúpula de calor", una zona de alta presión estancada que atrapa el aire caliente como si fuera una tapa sobre una olla. Richard Allan, profesor de la University of Reading, explica que aunque estas cúpulas no son inusuales, las temperaturas actuales sí lo son, intensificándose debido al cambio climático provocado por la quema de combustibles fósiles. Si bien existe un fenómeno de El Niño en el Pacífico que suele aumentar los extremos térmicos, Liz Bentley, de la Royal Meteorological Society, aclara que su impacto en la ola actual es nulo o mínimo, aunque podría agravar el próximo verano.
La profesora Friederike Otto, del Imperial College London, enfatiza que la fuerza impulsora es el cambio climático antropogénico. Además, el calentamiento acelerado de Europa se debe a que partes del continente se extienden hacia el Ártico, donde se produce un círculo vicioso: el derretimiento de la nieve y el hielo expone superficies oscuras que absorben más energía solar. Paradójicamente, la legislación antipolución ha contribuido al calentamiento al eliminar partículas que antes reflejaban la energía solar hacia el espacio.
El problema se agrava por la falta de climatización; solo el 20 % de los hogares europeos cuentan con aire acondicionado. En el norte de Europa, las casas fueron diseñadas para retener el calor, lo que según Timur Dogan, profesor de la Universidad de Cornell, provoca que el calor se acumule en las estructuras día tras día, impidiendo que el cuerpo humano se recupere durante las noches. Esto transforma el calor en una amenaza real de salud pública, pudiendo causar agotamiento o golpes de calor mortales.
Finalmente, los expertos coinciden en que los próximos tres meses serán anormalmente cálidos. Peter Thorne advierte que la humanidad ha desarrollado todo basándose en un clima estable al que ahora se dice adiós rápidamente, entrando en una fase de consecuencias críticas tras dos siglos de dependencia de combustibles fósiles.


