El Gobierno de Uganda ha confirmado este martes la detección de un nuevo caso de ébola, una noticia que eleva la cifra total de contagios en el país a veinte personas. Dentro de este balance, las autoridades sanitarias han reportado el fallecimiento de dos personas a causa de la enfermedad. Este brote en territorio ugandés es una extensión directa de la epidemia que se ha propagado desde el este de la vecina República Democrática del Congo (RDC).
De acuerdo con la información detallada y publicada por el Ministerio de Salud en su página web oficial, existe una distinción clara en el origen de los contagios. De los veinte casos confirmados, cinco se consideran como infecciones locales, mientras que los otros quince han sido clasificados como casos importados procedentes de la República Democrática del Congo. Es importante señalar que las dos defunciones registradas hasta el momento se encuentran dentro del grupo de los casos importados.
En cuanto al estado actual de los pacientes, el reporte oficial indica que cuatro personas permanecen ingresadas en centros sanitarios recibiendo atención, mientras que catorce pacientes han logrado recuperarse satisfactoriamente de la enfermedad.
Este nuevo contagio rompe un periodo de relativa calma en Uganda, ya que el país no registraba nuevas infecciones desde el pasado 5 de junio. Durante casi veinte días, el virus no había mostrado nuevos avances en el territorio ugandés, aunque la situación es diametralmente opuesta en la República Democrática del Congo, donde el virus continúa avanzando y provocando la aparición de decenas de casos nuevos casi a diario.
La gravedad de la situación en la RDC ha quedado reflejada en el último boletín difundido la noche del lunes por el Ministerio de Comunicación y Medios congoleño. En dicho informe, se elevó a 1.048 el número de casos confirmados, de los cuales 267 han terminado en muerte. Estas cifras representan una tasa de letalidad del 25,5 % en el contexto congoleño.
El brote fue declarado oficialmente el 15 de mayo en la provincia de Ituri, zona fronteriza con Sudán del Sur y Uganda, que se ha convertido en el epicentro de la epidemia. Desde allí, la enfermedad se expandió hacia otras provincias orientales de la RDC, específicamente a Kivu del Norte y Kivu del Sur, saltando posteriormente la frontera hacia territorio ugandés.
Desde el punto de vista médico, la epidemia actual corresponde a la cepa de Bundibugyo. Esta variante se caracteriza por una tasa de letalidad que oscila entre el 30 % y el 50 %. Según ha advertido la Organización Mundial de la Salud (OMS), no existe actualmente una vacuna autorizada ni un tratamiento específico para combatir esta cepa en particular. Debido a estas circunstancias, la OMS ha calificado el riesgo de expansión del brote en la región de África subsahariana como "alto", aunque considera que el riesgo a escala global es "bajo".
La OMS estima que el virus comenzó a circular en la provincia de Ituri aproximadamente dos meses antes de que se declarara oficialmente el brote. Dada la peligrosidad de la situación, el organismo internacional calificó la epidemia el pasado 17 de mayo como una "emergencia de salud pública de importancia internacional".
En términos históricos, esta crisis sanitaria se posiciona como la tercera peor epidemia de ébola registrada hasta la fecha. Solo es superada en magnitud por dos eventos anteriores: el brote que afectó a África Occidental entre 2014 y 2016, el cual dejó un saldo de unos 11.000 muertos y 28.000 contagios, y la epidemia que azotó el este congoleño entre 2018 y 2020, que causó 2.299 muertes y 3.481 casos confirmados.
Finalmente, es fundamental recordar que el virus del Ébola se transmite a través del contacto directo con fluidos corporales de animales o personas infectadas. El cuadro clínico que provoca es severo, manifestándose a través de fiebre hemorrágica grave, vómitos, diarrea y la presencia de hemorragias internas.


