Ramiro Valdés Menéndez, miembro de la denominada generación histórica de la Revolución cubana, falleció este domingo 21 de junio de 2026 a la edad de 94 años. Su trayectoria estuvo marcada por más de seis décadas en puestos de alta responsabilidad, donde transitó desde la organización del espionaje interior y la represión hasta alcanzar la vicepresidencia del país, pasando además por la gestión de las telecomunicaciones.
Considerado un marxista ortodoxo y prosoviético, Valdés fue descrito por sus biógrafos como un hombre reservado, inflexible, obstinado y trabajador. Esta personalidad se vinculaba a un convencimiento determinista sobre su papel en el proceso revolucionario. En una entrevista concedida a la televisión estatal cubana en 2018 —una de las pocas ocasiones en que compartió detalles de su vida familiar y carrera política—, aseguró que en la revolución, tras la primera vez, no existe la voluntariedad, afirmando que se trata de hacer lo que corresponde sin mirar atrás ni hacia los lados.
Nacido el 28 de abril de 1932 en Artemisa, en el oeste de la isla, Valdés creció en una familia humilde de cinco hijos, circunstancia que, según se indica, forjó su carácter adusto y su rechazo al protagonismo público. Inició sus actividades políticas a los 20 años, participando en hitos fundamentales del proceso revolucionario: el asalto al cuartel Moncada en 1953, la expedición del yate Granma en 1956 y la invasión guerrillera de oriente a occidente en 1958, donde se desempeñó como segundo de Ernesto ‘Che’ Guevara.
Tras el triunfo de la revolución en 1959, Valdés asumió responsabilidades críticas en la organización del aparato de seguridad del nuevo Gobierno. Fue uno de los fundadores del Departamento de Seguridad del Estado (DSE) y de la Dirección General de Inteligencia (DGI), organismos dedicados a la infiltración, el seguimiento y la represión de sectores opositores y anticomunistas dentro del territorio nacional.
Su paso por el Ministerio del Interior se extendió durante 23 años en total, divididos en dos etapas. La primera, entre 1961 y 1968, estuvo marcada por el impulso de las Unidades Militares de Apoyo a la Producción (UMAP). Estos polémicos campos de trabajo agrícola fueron destinados a jóvenes catalogados como “no aptos” para el servicio militar obligatorio, grupo en el que se incluían personas homosexuales, religiosas, personas que no estudiaban ni trabajaban, o aquellos tachados de “desafectos” al sistema político.
Posteriormente, Valdés trabajó como viceministro primero de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, actuando como la mano derecha de Raúl Castro, antes de regresar al Ministerio del Interior entre 1979 y 1985. En 1980, alcanzó el cuarto lugar en la nomenclatura del Partido Comunista de Cuba (PCC), el único partido legal, donde tuvo bajo su responsabilidad el área ideológica. Debido a su defensa a ultranza del partido único marxista-leninista y su adhesión a la “línea dura”, sus biógrafos lo definen como un fiel fidelista.
Sin embargo, su ascenso fue interrumpido en 1986, cuando fue “liberado” de sus cargos relevantes en el Gobierno y el PCC sin que se diera una explicación pública. Durante un prolongado periodo permaneció en la sombra, aunque no llegó al ostracismo total, dirigiendo una empresa tecnológica estatal. Su rehabilitación política se hizo evidente en 2001, año en que recibió la Orden de Héroe de la República de Cuba.
A partir de entonces, regresó a los círculos de poder: se integró nuevamente al Consejo de Estado en 2003 y fue nombrado ministro de Informática y Comunicaciones en 2005. Su retorno culminó con su nombramiento como vicepresidente del país en 2009 y su ingreso al comité central del PCC en 2011, cargo que mantuvo hasta 2019, coincidiendo con el retiro de los puestos de poder formal de Raúl Castro.
En sus últimos años, a pesar de su avanzada edad, se desempeñó como vice primer ministro, supervisando sectores socioeconómicos prioritarios como la generación eléctrica, la producción de materiales, las inversiones industriales y los programas de construcción de viviendas. Aunque sus intervenciones públicas fueron escasas, sus apariciones en medios estatales aumentaron recientemente debido a su labor de supervisión de obras económicas.
Fuera de la política, Valdés fue un entusiasta del deporte, manteniendo rutinas diarias de carrera y levantamiento de pesas hasta edades avanzadas para estar, según sus propias palabras, “listo para lo que pueda venir”. Desde finales de 2025, se mantuvo apartado de la vida pública debido a rumores de enfermedad que nunca fueron confirmados oficialmente. Sus ausencias fueron notables en eventos gubernamentales clave, como el anuncio de contactos con Estados Unidos y el recibimiento de los 32 cubanos fallecidos en una operación militar estadounidense en Venezuela.


