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Sónar Barcelona se consolida como el mapa global de la electrónica contemporánea

El cierre del festival confirmó su giro hacia un atlas masivo del club contemporáneo

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Sónar Barcelona se consolida como el mapa global de la electrónica contemporánea
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La Sónar Week alcanzó su clímax el sábado en Fira 2, transformando Barcelona en un epicentro de diversidad sonora que congregó a miles de personas. El evento desplegó un abanico exhaustivo de ritmos, desde la potencia implacable del techno de Amelie Lens y la experimentación de Takuya Nakamura, hasta la electrónica melódica de WhoMadeWho y el hyperpop de Namasenda. La jornada destacó por el equilibrio entre el espectáculo de gran formato y la esencia creativa del SónarCar, donde figuras como Speedy J y Luke Slater rescataron el riesgo del directo analógico. A pesar de algunos baches en la energía de ciertos sets, la noche reafirmó la capacidad del festival para integrar house, bass y cultura rave en una sola experiencia. Más que una cita con la vanguardia, el Sónar se ha consolidado como un atlas global del entretenimiento electrónico actual. Su amplitud programática convierte al festival en un espejo del estado actual de la industria, donde la multiplicidad de opciones garantiza una experiencia total para todo tipo de público.

La Sónar Week en Barcelona ha alcanzado su punto álgido durante la jornada nocturna del sábado, una noche que se mostró notablemente más concurrida que la anterior y que concentró a una parte considerable de las 150.000 personas que han participado en el evento. El escenario, las enormes naves de Fira 2 en L’Hospitalet, se transformó en una suerte de ciudad paralela donde convergió un público heterogéneo compuesto por veteranos de la música electrónica, aficionados de última generación y festivaleros de resistencia.

El ambiente en el recinto fue descrito como un paisaje variado y sudoroso, marcado por una sensación de promesa constante. Los asistentes se movieron entre los diversos escenarios y los espacios publicitarios de las marcas, impulsados por una búsqueda sonora que no ofrecía una única respuesta, sino una multiplicidad de opciones que abarcaron desde el techno, el house y el bass, hasta el hyperpop, la cultura rave y la electrónica de gran formato. El uniforme informal de la noche estuvo compuesto por torsos al descubierto, abanicos y la presencia recurrente de la bandera arcoíris, reflejando la diversidad de un público dispuesto a perderse en la experiencia.

La programación de la noche no se presentó como una revelación futurista, sino como una compilación de escenas reconocibles y actualizadas. En el lado más pop y melódico, el trío danés WhoMadeWho destacó por su oficio de banda, utilizando guitarra, caja de ritmos y batería para ofrecer una electrónica sensible y cantable. En esta misma línea de euforia compartida, Flying Away with You desplegó un sonido explosivo y melódico, mientras que Ember transitó desde una armonía recogida hasta una contundencia final, aunque el cierre de su set, marcado por la aparición de una bajista, resultó en un enfriamiento hierático.

El pop más artificial fue representado por Namasenda, quien defendió un hyperpop con resonancias soul. Por otro lado, la tradición británica estuvo presente a través de Joy Orbison, quien aportó la inteligencia elástica del bass, transitando por el dubstep, el UK funky, el garage y el bassline. Una de las apariciones más físicas e inesperadas fue la del japonés Takuya Nakamura, quien, vistiendo la camiseta de la selección de fútbol de su país, fusionó la energía de un soundsystem y la lógica de DJ con la improvisación de una trompeta que dinamizó la pista de baile.

El núcleo duro de la noche estuvo dominado por el techno. Amelie Lens presentó su esperado show audiovisual AURA, reafirmando su posición como referente del techno de gran formato mediante un sonido plomizo e implacable diseñado para el impacto físico. En contraste, DJ MARIA. y Wata Igarashi propusieron una ruta más textural e hipnótica basada en el acid, el trance y la psicodelia. La vertiente europea se manifestó a través de la combinación de FJAAK y Kittin, mezclando electroclash, punk y espíritu rave, así como en el encuentro entre Gerd Janson y Marcel Dettmann, donde chocaron el house y el Italo frente a la austeridad del techno.

No todas las actuaciones fueron recibidas con el mismo entusiasmo. Modeselektor comenzó su set con una proclama antifascista, pero posteriormente decayó en una parsimonia dance que careció del filo necesario para destacar en una noche cargada de estímulos.

Uno de los puntos más sólidos de la jornada ocurrió en el SónarCar con el proyecto STOOR Live y el regreso de Speedy J. Esta alineación, que incluyó a Dasha Rush, Luke Slater, Mathew Jonson y Ø [Phase], rescató la esencia del techno creativo, el riesgo y la construcción en tiempo real. Mientras Rush aportó tensión expresiva y Slater la autoridad del techno de Detroit y el house de Chicago, Jonson demostró la vigencia del directo analógico.

Finalmente, el house aportó la calidez de la memoria festiva a través de LOVEFOXY, Yasmin, Mousse T., Melvo Baptiste y CARBS, recorriendo sonidos que fueron desde el vinilo y el soul hasta la sensibilidad queer de Berlín y Madrid.

El sábado confirmó que el Sónar noche ha evolucionado: ya no es una cita secreta con la vanguardia, sino un atlas exhaustivo del entretenimiento electrónico actual. Aunque esta amplitud puede reducir la sorpresa, también la multiplica, exponiendo con claridad el tamaño del mundo electrónico existente.

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