En el ecosistema del entretenimiento global, el auge del k-pop ha traído consigo no solo una música pegajosa y coreografías precisas, sino también el traslado de fenómenos sociales complejos desde Corea del Sur hacia el resto del mundo. Uno de los más preocupantes es el de los “sasaeng” (사생), un término utilizado para describir a los fans obsesivos que, en su afán por estar cerca de sus ídolos, traspasan todos los límites sociales y legales establecidos.
El comportamiento de estas personas es sistemático y altamente invasivo. Los sasaeng no se limitan a asistir a conciertos o comprar discos; sus acciones incluyen acampar afuera de las residencias privadas de los artistas, grabar contenido sin consentimiento, enviar regalos inapropiados y rastrear los movimientos de las celebridades. Esta persecución llega al extremo de comprar pasajes para los mismos vuelos de avión e incluso reservar habitaciones en los mismos hoteles donde se hospedan los artistas, todo con el objetivo de vulnerar su privacidad.
Existen casos judiciales que evidencian la gravedad de esta situación. A finales de junio, una mujer brasileña fue condenada en la ciudad de Seúl a un año de prisión suspendida tras intentar ingresar repetidamente en la casa de Jung Kook, integrante del grupo BTS. De acuerdo con el diario The Korea Times, la mujer llegó a tocar el timbre de la propiedad en 133 ocasiones, demostrando la persistencia patológica de este tipo de conductas.
Melissa Salinas, administradora del club de fans de BTS Army en México, explica que estas personas se obsesionan hasta el punto de invadir la vida privada, obteniendo datos sensibles como números de teléfono o acceso a los domicilios. Según Salinas, este comportamiento tiene raíces que se remontan a finales de los años 90, antes de la masificación de los teléfonos inteligentes y las cámaras digitales. En aquel entonces, el contacto cercano se buscaba a través de métodos perturbadores, como el envío de cartas escritas con sangre o el acampamiento prolongado frente a las casas de los familiares de los artistas.
Desde una perspectiva académica, Janice Tapia Silva, investigadora del Centro de Estudios Comparados de Corea de la Universidad Central de Chile, sostiene que los sasaeng no deberían ser considerados "fans", sino calificados directamente como acosadores. Tapia Silva señala que el término implica una violación directa de la vida privada y que, por ello, la comunidad de fans coreanas no los reconoce como parte del fandom. Además, destaca que algunos de estos acosadores obtienen un móvil monetario, vendiendo fotos, videos o autógrafos obtenidos ilegalmente, operando de manera similar a los paparazzi occidentales.
No obstante, el dinero no siempre es la motivación principal. En 2024, una mujer japonesa de 50 años besó sin consentimiento a Jin, otro miembro de BTS, durante un evento para fans. Este acto generó indignación, la molestia de la banda y una investigación formal por parte de la Policía de Seúl. Por su parte, Lisa, integrante de Blackpink, relató en el podcast Woody FM que en 2025 experimentó personalmente el acoso al encontrar a un sasaeng esperándola en su casa. La artista manifestó su incomodidad y solicitó que cualquier encuentro se realizara en lugares públicos.
Ante esta situación, la comunidad de seguidores legítimos, como Army México, hace un llamado a denunciar la filtración de videos en espacios personales, la divulgación de ubicaciones de hoteles, nombres del personal de apoyo o itinerarios de vuelos, advirtiendo que algunos artistas ya han sufrido daños irreversibles.
La industria también ha reaccionado. HYBE, la empresa responsable de bandas como BTS, Cortis y Katseye, emitió un comunicado informando que toma acciones legales continuas contra delitos que vulneren los derechos de sus artistas, incluyendo el acoso sexual, la difamación y las calumnias. La empresa subrayó que su respuesta legal se apoya en los informes proporcionados por seguidores que promueven una cultura de fans madura.
Finalmente, se reconoce que este fenómeno no es exclusivo del k-pop, ya que ocurrió previamente con boybands occidentales como One Direction y los Backstreet Boys. Esto ha llevado a que diversas industrias del entretenimiento implementen multas y medidas de protección para salvaguardar la privacidad de las celebridades. El ideal, según los fans responsables, es una interacción basada en la aprobación y la comodidad del artista, donde el respeto al espacio personal prevalezca sobre la persecución.


