En el panorama actual del periodismo deportivo latinoamericano, Alejandro "Álex" Candal se ha consolidado como una referencia indiscutible, especialmente a través de su participación en espacios como Fútbol Total del canal DSports. Aunque durante mucho tiempo fue reconocido como el hijo de Lázaro "Papaíto" Candal, la emblemática voz de los Mundiales en Venezuela durante las décadas de los 80 y 90, el comunicador caraqueño ha logrado construir una identidad propia, mientras el recuerdo de su padre comienza a transformarse en el legado del progenitor de un profesional ya establecido.
Sin embargo, la trayectoria de Candal ha estado marcada recientemente por una batalla personal contra la salud que puso a prueba su resistencia. A los 56 años, el periodista se enfrentó a dos padecimientos consecutivos de endocarditis que derivaron en la necesidad de un trasplante de corazón. Este proceso implicó una estancia hospitalaria de casi siete meses, un periodo que él describe como haber estado encerrado en una cápsula. Pese a la carga emotiva que suele rodear a un órgano asociado universalmente con el amor y los sentimientos, Candal prefiere abordar su nueva condición desde una perspectiva científica y biológica, considerando el corazón como un órgano más, similar a un riñón o un injerto de piel, cuya función es vital pero cuya identidad biológica es la que prevalece sobre la simbólica.
La obtención del órgano donante fue un proceso complejo debido a las características físicas del receptor. Candal, quien mide 1,82 metros y posee una capacidad torácica amplia, enfrentó una espera prolongada de seis meses debido a que pocos donantes coincidían con su tipo de sangre y dimensiones físicas. El procedimiento se llevó a cabo en España, país de origen de sus padres, destacando la eficiencia del sistema de donaciones y trasplantes español, el cual opera bajo estrictos criterios de anonimato y coordinación.
Esta experiencia cercana a la muerte ha provocado un cambio profundo en la percepción de vida del periodista. Candal reconoce que ahora busca "bajarle dos" a la intensidad de su día a día, comprendiendo que muchas de las preocupaciones cotidianas no tienen el valor que se les asigna. Al salir del hospital, se dio cuenta de que el mundo, su familia y su trabajo seguían funcionando con normalidad, lo que le llevó a reflexionar sobre cómo el cuerpo actúa como un escudo protector que, ante el esfuerzo y el sacrificio constante, termina por resentirse.
En el ámbito profesional, Candal reflexiona sobre la evolución del periodismo deportivo en Venezuela. Desde su debut en el Mundial de Estados Unidos 1994, ha sido testigo de la transformación de la industria. Recuerda con respeto a sus mentores, como Carlos Bautista Romero y Carlos José Motamayor, y aboga por que las nuevas generaciones recuperen la escuela de narradores clásicos como Delio Amado León, Mario Dubois, Carlitos González o Pepe Delgado Rivero, asegurando que Venezuela tuvo una calidad en televisión deportiva durante los años 70, 80 y 90 que no fue superada en otros países de la región.
El periodista también denuncia la crisis de los medios nacionales venezolanos, a los que califica como un "agujero negro" debido a la falta de inversión en deportes, información y variedades. Esta situación obligó a muchos profesionales a reinventarse en ciudades como Miami o, en su caso, desde España. Asimismo, señala que el "pasaporte pesa" en el fútbol internacional y critica la monopolización de los estilos de comunicación por parte de Argentina, lo que ha llevado a que los nuevos comunicadores adopten modismos y formas de hablar ajenas a la identidad venezolana.
Respecto al deporte, Candal se define como un romántico del fútbol. Extraña la época de las porterías de madera, los balones de cuero y las botas negras, contrastándolas con la uniformidad actual impuesta por la tecnología, el plástico y el control exhaustivo de la grasa corporal mediante GPS. No obstante, encuentra esperanza en jugadores como Lamine Yamal, a quien considera un reflejo del fútbol improvisado y callejero de antaño.
De cara al Mundial de 2026, Candal proyecta que selecciones que nunca han sido campeonas pero tienen una necesidad imperiosa de lograrlo, como Portugal, Países Bajos, Bélgica y Marruecos, serán los equipos que más presión ejerzan sobre los favoritos. En cuanto a las individualidades, apuesta por Lamine Yamal como el MVP del torneo, destacando su concentración a pesar de su juventud. Aunque reconoce el estado físico excepcional de Vinicius en Brasil, se muestra escéptico respecto al papel de Cristiano Ronaldo y al nivel actual de la selección de Argentina, asegurando además que no ve a España con el nivel suficiente para coronarse campeona del mundo.

