Lo que comenzó como una alarma ciudadana masiva en redes sociales sobre un presunto caso de abuso sexual contra un menor en el norte de Bogotá ha dado un giro significativo. Tras las primeras verificaciones realizadas por las autoridades competentes, las acusaciones iniciales contra un ciudadano estadounidense no han sido respaldadas por las evidencias, trasladando el foco de la discusión pública hacia el futuro de los menores involucrados, quienes se encontraban en medio de un proceso de adopción.
Los hechos se desencadenaron el pasado domingo 14 de junio en el sector de Chicó Navarra, ubicado en la localidad de Usaquén. En aquel momento, un grupo de vecinos registró una escena en el balcón de una residencia, la cual fue difundida rápidamente. La interpretación inmediata de quienes grabaron y compartieron el video fue que se estaba cometiendo un acto de abuso sexual, lo que motivó que se alertara urgentemente a las autoridades.
Ante la gravedad de la denuncia, la Policía de Infancia y Adolescencia intervino de manera inmediata en el lugar. Siguiendo los protocolos legales, los menores fueron acompañados por un equipo de la Defensoría de Familia y trasladados a un centro asistencial para recibir una valoración médica exhaustiva, paso fundamental para determinar si existían signos de violencia o vulneración de sus derechos.
Sin embargo, el rumbo de la historia cambió en las horas siguientes. De acuerdo con los reportes preliminares, se determinó que las imágenes captadas en el balcón habían sido malinterpretadas por los testigos. La investigación sugiere que el ciudadano estadounidense, quien se encontraba en el país junto a su pareja con la firme intención de adoptar a tres menores, no estaba cometiendo un delito, sino que había salido al balcón con el propósito de auxiliar a uno de los niños.
Esta versión fue respaldada incluso desde la máxima instancia del Ejecutivo. El presidente de la República, Gustavo Petro, se refirió públicamente al caso, asegurando que las primeras pesquisas apuntaban a que el hombre no habría cometido el abuso que fue señalado inicialmente en las redes sociales, mitigando así el impacto de la acusación viral.
En el marco de este escenario, el abogado de la familia adoptante, Fabio Márquez, concedió una entrevista a Blu Radio donde aclaró el estado actual del proceso legal. Al ser consultado sobre si el trámite de adopción seguía en pie a pesar del escándalo mediático, el penalista respondió afirmativamente, destacando lo que calificó como “el corazón tan grande de esa familia”, sugiriendo que su intención siempre ha sido el bienestar de los menores.
Márquez aprovechó el espacio para defender la rigurosidad de los procesos de adopción internacional en Colombia. El abogado enfatizó que no se trata de un trámite simple, rápido o basado en acuerdos informales, sino de una ruta institucional con múltiples filtros y controles estrictos. Según explicó, el proceso es “tan exigente como el que usted se imagine”, diseñado específicamente para garantizar la seguridad de los niños.
Como ejemplo de esta rigurosidad, Márquez detalló que, en el caso de los solicitantes provenientes de Estados Unidos, el Estado colombiano requiere certificaciones oficiales sobre los antecedentes y el comportamiento del ciudadano en su país de origen, llegando incluso a solicitar información al FBI. Con este argumento, la defensa buscó dejar claro que la familia ya había superado etapas de verificación institucional previas al incidente.
A pesar de que la defensa asegura que el proceso continúa, se ha subrayado que dicha continuidad debe ajustarse a las rutas legales correspondientes. En Colombia, las adopciones no dependen de la voluntad de los padres adoptivos, sino de verificaciones de idoneidad y acompañamiento psicosocial, priorizando siempre el interés superior de los niños, niñas y adolescentes.
Finalmente, el caso ha puesto sobre la mesa un debate necesario sobre la responsabilidad de los ciudadanos al difundir contenido en redes sociales. Si bien la denuncia permitió una respuesta institucional rápida, la exposición masiva de imágenes y los señalamientos apresurados pusieron a los menores en el centro de una controversia pública, vulnerando potencialmente su intimidad y estabilidad emocional.
Por el momento, el proceso de adopción sigue su curso según la defensa, aunque cualquier decisión final recae en las autoridades competentes. En medio de la polémica, el principio rector sigue siendo la protección integral de los menores para evitar que el ruido mediático o judicial termine vulnerando nuevamente sus derechos fundamentales.

